Como una mirada al pasado, así fue la conferencia “Fiestas, bailes y banquetes. ¿Cómo se divertía la sociedad meridana durante el Porfiriato?”, ofrecida por la licenciada Nadia Vizcarra García anteanoche, en el Centro Cultural Prohispen.
En su intervención, explicó que los bailes no eran meros actos de esparcimiento, sino una forma de mostrar el estatus social en los siglos XIX y XX.
Dijo que la clase alta, la del “progreso” y el “desarrollo”, tenía reglas sobre cómo moverse, cómo comportarse y cómo divertirse. Y en el ámbito de la diversión entraban esas celebraciones.
Añadió que los bailes durante el Porfiriato estaban ligados a un discurso moralizante y de civilización. “Estos bailes significaban que eras una persona con buena moral, buen tono, y específicamente en cuanto a la familia, existían roles y prácticas diferentes para hombres y mujeres”.
Se dividían en bailes públicos y privados. Éstos incluían eventos familiares o íntimos, como cumpleaños, bautizos y bodas. Los bailes públicos, por otro lado, eran propios de la clase media, como las fiestas sorpresa o las celebraciones infantiles con música.
Permanecen
“Lo interesante es que, aunque vemos cambios, algunas de estas prácticas perduran en la actualidad, como el racismo en Mérida”.
“Como menciona la antropóloga Eugenia Iturriaga, estas prácticas, que se consolidaron en el Porfiriato, tienen raíces en prácticas coloniales. A través de ellas se marcaba el estatus social y se diferenciaba a la élite. Estos eventos también eran espacios donde se formaban lazos de sociabilidad, permitiendo que la élite se reconfigurara desde lo cotidiano”, aseguró la ponente.
“Podemos decir que, aunque el contexto ha cambiado, hay continuidades. En el Porfiriato estas prácticas de distinción social se consolidaron. Los bailes públicos eran las fiestas patrias o eventos políticos, por lo que también nacieron consignas oficiales en este sentido”.
En la conferencia se abordó asimismo la vestimenta de las mujeres, que en la época estaba influenciada por la moda de Francia, y la de los hombres, que seguía las tendencias de Inglaterra; la feminidad asociada al trabajo doméstico y la masculinidad que no permitía mostrar sentimientos. Lo único importante era el estatus social y cómo te veían los demás.— Vanessa Argáez Castilla
