“Sí, señor, el vino puede sacar cosas que el hombre se calla, que deberían salir, cuando el hombre bebe agua. Va buscando, pecho adentro por los silencios del alma y les va poniendo voces y los va haciendo palabras”. Así comienza “El vino”, una canción del cantautor argentino Alberto Cortez.

Hoy es un día muy especial al tener el privilegio de conocer a la hija de un gran lector de Diario de Yucatán, que ha recortado todos mis artículos desde el inicio, por allá de 2014.

Este señor de 71 años era oriundo de Oxkutzcab, una población al sur del Estado. Le gustaba leer los recortes semanales y quería conversar conmigo.

Su hija me contactó y me ofrecí a hacer una visita, ya que el señor estaba un poco enfermo y su hija le leía la columna de los viernes. Pero me enteré que se nos adelantó en este mundo. Me entristeció saber que esa charla no se pudo concretar, pero estoy seguro que pudo haber sido muy amena.

Este señor, de nombre Luis Ramón Vázquez Briceño, se lleva consigo el conocimiento de los vinos.

Su familia me contó que su última voluntad fue que le echaran una copa de vino en su tumba; así como el vino regresa a la tierra, ya que el vino es un producto que nace en el corazón de la tierra y llega al corazón de los hombres.

Apasionado de los vinos tintos, el señor deseaba sentarse a beber una copa de vino con quien les escribe, y para mí hubiera sido un honor platicar de todos los beneficios que nos da el vino.

Les aseguro que el mejor reconciliador en el mundo es una copa de vino. Si usted está enemistado con alguien, no lo piense, acérquese a esa persona, la vida es demasiado corta para seguir enojado con alguien.

Me siento honrado y a la vez con sentimientos encontrados. El deber está cumplido: dar a conocer las enseñanzas del vino a las personas. Un gran hombre como lo fue don Luis quedará marcado en mi corazón para el resto de la vida.

Voy a hacer una recomendación en este camino del vino en el que transitamos: beban vino con esa persona que aman, disfruten sorbo a sorbo, sean felices, digan lo que sienten y no se guarden nada porque, como dice la canción, “el vino nos hace decir cosas que el hombre calla”. De esta forma concluyo esta columna.

Hasta la semana que viene y alzo desde aquí mi copa en honor de don Luis.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán