Luzelena Gutiérrez, moderadora; David Toscana, Alberto Ruy Sánchez y Rosa Beltrán, en su participación en el Congreso de UC Mexicanistas
Luzelena Gutiérrez, moderadora; David Toscana, Alberto Ruy Sánchez y Rosa Beltrán, en su participación en el Congreso de UC Mexicanistas

Con reflexiones sobre el tiempo y la relación entre el escritor y el lector transcurrió la segunda sesión del XVI Congreso Internacional de UC Mexicanistas, que tuvo como ponentes a David Toscana, Alberto Ruy Sánchez y Rosa Beltrán.

La sesión, realizada ayer por la tarde en el marco de la Filey, fue moderada por Luzelena Gutiérrez.

El primero en intervenir fue David Toscana, quien se refirió a una pregunta que les hacen mucho: si piensan en el lector al momento de redactar sus textos.

Confesó que, aunque no suelen decirlo, sí piensan si lo que escriben le gustará al público, pese a que hay incluso libros que en su contraportada aseguran que no hace concesiones al lector.

Afirma que, por el contrario, hay que hacer muchas concesiones para presentar un texto con buena ortografía, lenguaje correcto, no hablar más de la cuenta y reducir páginas si son innecesarias las 500 escritas.

Indicó que el lector es el que da la vida a los textos.

Se refirió a los autores censurados, que dan la vida para que alguien los lea.

Añadió que lo que se escribe no es para guardarlo en un cajón, sino para que le llegue a alguien. Con esto reiteró que es para el lector para quien trabajan.

Por su parte, Alberto Ruy Sánchez contó que cuando se le pidió hablar de los 25 años del Congreso de UC Mexicanistas acababa de salir su libro “Literatura en el cuerpo”, que tiene ensayos sobre la manera en que los últimos 25 años del siglo XX marcaron a la literatura que se estaba propagando: no la que se había escrito, sino la que se estaba leyendo.

En la obra plasma el cambio ideológico del siglo, un tiempo en el que, por ejemplo, en Francia se leía a diario lo que estaba pasando en Polonia, que vivía el movimiento Solidaridad.

Además, había una “publicación masiva superinteresante de literatura polaca, que había comenzado a conocerse en México gracias a Sergio Pitol”.

“Veinticinco años después, la impresión que tengo es que estamos viviendo la regresión exactamente proporcional a los momentos de liberación del pensamiento y liberación de circulación de la información que vivimos en aquel momento”.

“Es como si el tiempo se duplicara en un espejo. Da para pensar muchísimo sobre el tiempo y la atención sostenida a lo que está sucediendo en toda esa parte del mundo y en la nuestra, que nos lleva a pensar en una crítica muy radical de los populismos”, añadió.

Luego de estas reflexiones, Alberto Ruy Sánchez leyó una serie de poemas que escribió con base en imágenes fotográficas, con la idea de escribir lo primero que le viniera a la mente.

La última en intervenir fue Rosa Beltrán, quien habló del tiempo y ese espacio intermedio “que es estar vivo”.

“Mientras estamos vivos, estamos entre ese pasado eterno y ese futuro, que tampoco conocemos”.

Sobre ese tiempo intermedio está trabajando en un texto y enseguida dio lectura al primer capítulo, el cual tiene que ver con el final de la vida de un hombre. Señaló que los cuidados al padre tienen sentido agridulce.

“Por un lado no queremos que se vaya, por el otro dedicar la vida a ese cuidado y a lo inevitable es también algo que nos hace preguntarnos por qué, sobre todo por qué a las mujeres”.

Tras la lectura del texto, al igual que sucedió con los poemas de Alberto Ruy Sánchez, se escucharon fuertes aplausos.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

De un vistazo

Comunicación

David Toscana aseguró que, “cada vez que pulimos algún texto o personaje, no es para ponérnoslo en la cabeza, sino por lo que lo queremos comunicar”.

Debilidad

Admitió que quieren lectores de nivel y criticó a los medios masivos que debilitan la mente de los lectores.

Escritura ritual

Alberto Ruy Sánchez confesó que dos libros definieron el tipo de escritor que quería ser: “Las puertas del paraíso” de Jerzy Andrzejewski y “Madre Juana de los Ángeles” de Jaroslaw Iwaszkiewicz. Consideró que son obras de escritura ritual, “ese momento en que el tiempo nos obliga a pensar sobre lo que se está viviendo en el momento”.

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