Este fin de semana se llevará al cabo una jornada cívica de gran relevancia para el país. Como sucede en cada proceso electoral, en los estados de la República se activará la llamada ley seca, una medida que prohíbe temporalmente la venta de bebidas alcohólicas.

La razón principal obedece a la intención de preservar el orden y garantizar que la ciudadanía ejerza su derecho al voto de forma responsable. Además, en ciertos sectores de la población, el consumo excesivo de alcohol puede generar altercados, desórdenes e incluso obstaculizar el adecuado desarrollo de la jornada electoral.

Sin embargo, esta circunstancia invita a reflexionar sobre otros momentos históricos en que la ley seca ha sido implantada, ya no como medida temporal, sino como política pública de largo alcance. Un repaso por algunos de estos episodios resulta oportuno y revelador.

En Estados Unidos

La prohibición más célebre en la historia contemporánea fue la instaurada por la Enmienda XVIII de la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en 1919 y puesta en vigor en enero de 1920. Esta enmienda prohibía la fabricación, venta, transporte, importación y exportación de bebidas alcohólicas en todo el territorio estadounidense.

La iniciativa fue impulsada por poderosos movimientos antialcohol, pero tuvo efectos secundarios no previstos: el crimen organizado floreció, con figuras como Al Capone alcanzando notoriedad gracias al contrabando y distribución clandestina de licor.

México se vio indirectamente beneficiado por esta ley, pues miles de estadounidenses cruzaban la frontera para abastecerse de alcohol en lugares como Tijuana. Incluso se comercializaban productos como los “grape bricks” o ladrillos de uva deshidratada, etiquetados como “vino sano”, que incluían instrucciones para ser fermentados en casa. Esta etapa concluyó en diciembre de 1933 con la ratificación de la Enmienda XXI, que derogó la prohibición.

Otros contextos

En el mundo musulmán, la prohibición del alcohol tiene raíces religiosas y varía según cada país.

Arabia Saudita aplica castigos severos a quienes infringen la norma, que van desde prisión hasta flagelación. Kuwait impone penas de cárcel, mientras que en Qatar se restringe la importación y el consumo público, aunque los extranjeros pueden adquirir alcohol mediante un sistema regulado de permisos. Otros países como Egipto, Líbano, Siria o Jordania permiten la producción y el consumo, respetando las edades legales.

En Turquía, el gobierno conservador-islamista de Recep Tayyip Erdogan implementó en 2013 restricciones específicas: la venta de alcohol está prohibida después de las 10 de la noche y se limita durante las jornadas electorales. Esta normativa es similar a la que se aplica en México en contextos comiciales.

En conclusión, la ley seca, sea temporal o permanente, refleja los valores, tensiones y prioridades de cada sociedad en distintos momentos de su historia. Más allá de su utilidad inmediata, invita a pensar en el equilibrio entre la libertad individual y el bienestar colectivo.

Este fin de semana, en lugar de lamentar las restricciones, recordemos que una elección democrática también es un brindis por el futuro. Si tiene oportunidad, acompáñese más tarde con una copa de buen vino… y con conciencia plena del momento que vive su país.

Hasta la próxima semana.

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