La actriz y exdiputada Ilona Staller, Cicicolina, de paseo por Roma
La actriz y exdiputada Ilona Staller, Cicicolina, de paseo por Roma
  • La actriz y exdiputada Ilona Staller, Cicicolina, de paseo por Roma
  • Imagen de archivo de la época de Cicciolina como diputada

ROMA (EFE).— Cicciolina fue durante muchos años sinónimo de transgresión, un mito en la cultura popular: una diva del porno convertida en diputada en la Italia de la década de 1980, ariete rubio contra el puritanismo. Pero aquel tiempo ya pasó y ahora la actriz hace memoria en paz: “A Dios le diré que siempre hice lo que quise”.

“Tengo la conciencia tranquila. He llegado a mi edad amándome porque hice lo que quise y procuré el bien a la gente”, asegura.

Cicciolina (Budapest, 1951) camina tranquilamente por su barrio romano, entra en un bar y pide una cerveza “pequeña” que luego no lo es tanto. Su melena platino la delata a la distancia. De cerca está envuelta en color: tacones, pantalón azul y una blusa rosa que combina con sus uñas, labios y la sombra sobre sus párpados.

Vive en un ático cercano, comprado con la fortuna de su época dorada, junto a nueve gatos persas: “Me entretengo con las redes sociales, cocino, paseo… Mi vida es bastante simple”.

Aparece con un libro de memorias que vende en su nuevo portal de internet (junto a dedicatorias y hasta lencería) y en el que recorre su infancia en la Budapest comunista, cuando aún la llamaban Ilona Staller, hasta su renacer como Cicciolina.

Su fama surgió en la década de 1970 cuando hablaba de sexo por radio a los italianos y estalló con la pornografía. De ese pasado se declara orgullosa: “No puedo decir nada malo del porno porque gané mucho dinero. No hay que escupir sobre el plato del que se come”.

Dio la gran sorpresa en 1987 cuando fue elegida diputada del Partido Radical: “Hacía campaña en las discotecas. Pedía el voto y repartía besos. Fue una locura”, recuerda riendo.

Aquella mujer que mostraba cada centímetro de su piel al mundo entró al Parlamento de la católica Italia para sentarse ante figuras como Giulio Andreotti. “Un día me saludó, hay una foto en Google. Se acercó y me dijo: ‘Honorable Staller, debería usar más tela’”.

Cicciolina define su “innata” vocación política con el lema “paz y amor” y recuerda una docena de proyectos de ley que impulsó, como uno para garantizar intimidad sexual a los presos (este año un tribunal ordenó una medida similar).

Otro proponía impartir educación sexual en las escuelas y prohibir la vivisección. “Algunas de mis propuestas siguen siendo modernas”, reivindica.

A sus 73 años, la política todavía le interesa y sigue atentamente los avatares de su Hungría natal, donde reside parte de su familia. Tilda de dictador al primer ministro, Viktor Orban.

“Espero que se vaya cuanto antes”, declara, antes de alabar el más reciente desfile del Orgullo que desafió al poder en las calles de Budapest.

La actriz se considera feminista a su manera y asegura que nunca se ha sentido usada. “Siempre fui una mujer libre, desde niña”, aunque reconoce alguna afrenta de representantes y colegas.

Sí asume que sus papeles eróticos dificultaron una carrera televisiva. “Algunos santurrones me cerraron la puerta en las narices. No entendía la razón, mi trabajo era como el de una funcionaria: fichaba, grababa y me iba”, apunta.

Actualmente recibe una pensión vitalicia por su labor de diputada y también cobra sus trabajos en televisión, entre programas y “reality shows”. “Obviamente sigo trabajando, tengo que ingresar. Con los 1,300 euros del Parlamento italiano…”, rezonga con la cifra.

Cicciolina tiene algo de contradicción, es cándida pero al mismo tiempo certera y provocadora. “Yo cambié el sentido del pudor en Italia. Fue importante” y recuerda el artículo del Código Penal que castigaba el delito de obscenidad, del que tantas veces fue denunciada.

“El quinientos-veintiocho”, paladea.

¿Cree en Dios? “Sí, aunque creería más si castigara a los malvados que hacen la guerra”. ¿Y si se encontrara ante Él algún día? “Le diría que siempre hice lo que quise”.

“Yo repetiría mi historia, del mismo modo”, reconoce la “pornodiva”, acariciando el cristal de un vaso vacío.

De un vistazo

Espionaje

Corre el rumor de que Cicciolina, trabajando de joven en un hotel en Budapest, hizo de espía. Ella lo confirma con timidez y evita hablar de ello.

Plano sentimental

Actualmente su persona más querida es su hijo Ludwig, fruto de su convulso matrimonio con el escultor Jeff Koons. Atrás quedaron los litigios con el famoso artista que la esculpió en varias posiciones. “Ambos hemos entendido que debíamos dejar de pelear, ya somos mayores”, expresa.

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