La iglesia de Santa Ana ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo urbano, religioso, arquitectónico y social del norte de Mérida desde su edificación en 1730 hasta la actualidad, expuso anteayer el doctor en Arquitectura Raúl Enrique Rivero Canto durante la conferencia titulada “Historia y arte de Santa Ana, el origen del norte de Mérida”.
La charla se llevó al cabo en el marco de las celebraciones patronales de la parroquia, cuya festividad se conmemora hoy sábado 26. El párroco, presbítero Edilberto Jacob López Chan, organizó una serie de actividades para recordar la importancia del templo en la historia de la ciudad.
La primera jornada fue anteanoche, con una misa y la disertación del doctor Rivero Canto, cuya exposición atrajo a numerosos fieles y vecinos del barrio, conocidos como “santaneros”, interesados en conocer el legado del templo y su impacto en la configuración urbana del norte meridano.
El investigador señaló que Santa Ana fue clave para que el mariscal Antonio Figueroa, administrador del templo, impulsara la creación de la primera vía llamada Paseo Felipe II, antecedente del actual Paseo de Montejo. Esta arteria conectaba Santa Lucía con Santa Ana, en lo que hoy es la calle 60. Para fomentar el poblamiento del rumbo, el mariscal promovía la idea de que vivir al Norte representaba una mejor calidad de vida. No obstante, Rivero Canto matizó que, incluso hasta hoy, las mejores condiciones ambientales —como el agua y el aire— se encuentran en el Sur, donde está la Reserva Ecológica de Cuxtal.
Las actividades continuaron ayer con una misa presidida por el obispo auxiliar de Yucatán, monseñor Mario Medina Balam. Hoy se celebrará la ceremonia de clausura.
Durante su exposición, Rivero Canto narró que en 1804 don Benito Pérez de Valdelomar fomentó el crecimiento de la ciudad hacia el Norte mediante la consolidación del barrio de Santa Ana y la construcción de la plaza de Santa Lucía.
Tal fue el interés por detonar urbanísticamente esta zona que se ofrecieron terrenos a familias acaudaladas. Para 1834, Mérida contaba con 37,801 habitantes, de los cuales 3,984 —el 10.54%— residían en el barrio de Santa Ana.
La notoriedad del templo atrajo visitantes ilustres, como el conde Maximiliano Waldeck, quien recorrió la zona en 1834. En 1865, la emperatriz Carlota acudió también a su iglesia.
Debido a la gran devoción por la patrona del templo, Nuestra Señora del Refugio de los Pecadores, el entonces gobernador Ignacio Alatorre ordenó en 1873 la construcción del parque en los terrenos de la antigua plazuela de Santa Ana.
Con base en investigaciones de “La Revista de Mérida”, antecesora de Diario de Yucatán, y archivos de la Arquidiócesis, el doctor Rivero reconstruyó la historia del templo, que expuso con abundantes datos y anécdotas. Entre ellas, destacó que la jurisdicción de Santa Ana llegaba hasta el puerto de Progreso. El sacerdote Pérez Castillo recorría esa distancia para oficiar misas.
También recordó que, en el pasado, los difuntos eran velados e incluso sepultados en el interior del templo.
Otro pasaje interesante fue la narración sobre la lucha del mariscal Figueroa contra piratas ingleses en aguas de Belice, de la que salió victorioso. No murió en combate, sino por la picadura de un insecto, pues no existía tratamiento eficaz para esos casos.
El doctor Rivero concluyó su intervención relatando cómo el barrio fue atacado por tropas del general Salvador Alvarado, lo que obligó al rescate de imágenes y obras religiosas con un alto costo para la comunidad. También mencionó el nuevo uso que se le dio al parque de Santa Ana hacia el año 1960. La segunda parte de esta historia, manifestó, le corresponderá contarla a otros especialistas.— Joaquín Chan Caamal
De un vistazo
Templo atrajo aristócratas
La iglesia de Santa Ana fue visitada por figuras de la nobleza europea, como el conde Maximiliano Waldeck en 1834 y la emperatriz Carlota durante su estancia en Yucatán en 1865.
Barrio promovió expansión
El crecimiento urbano de Mérida hacia el norte fue impulsado desde Santa Ana. Se ofrecieron lotes a familias acaudaladas, lo que favoreció la consolidación del barrio como una zona de prestigio creciente.


