La Compañía de Jesús fue fundada el 27 de septiembre de 1540 por San Ignacio de Loyola, cuya solemnidad se celebra el 31 de julio. Al igual que en el resto del mundo, la historia de la congregación jesuita en Yucatán es de lucha, de continuas expulsiones del territorio y de reorganización con el fin de evangelizar y educar a la población.
La elección en 2013 de un jesuita de formación, Jorge Mario Bergoglio, como Papa, el primero en la historia de la Compañía, es vista por la Orden como una gracia que ha dejado huella en sus sacerdotes.
En el Estado, los jesuitas están cumpliendo 100 años de presencia ininterrumpida desde que recibieron de nueva cuenta la administración de la iglesia de El Jesús, en Mérida. Con ese motivo prepararon un programa de actividades en el Mes Ignaciano, como hemos informado.
Este aniversario coincide con el centenario de Diario de Yucatán, cuya fecha de fundación es el 31 de mayo de 1925.
La historia de la Compañía de Jesús en esta tierra se remonta al siglo XVII, así que no era nueva en el Mayab cuando se instaló en la entidad en el siglo XX.
La orden religiosa fundada en el siglo XVI ha tenido una presencia significativa en la región desde el siglo XVII, aunque con interrupciones, pues sus sacerdotes han sido expulsados del país varias veces.
Los jesuitas son reconocidos por su labor en los campos de la educación, la misión y la justicia social, y en Yucatán han dejado huella en la vida académica y religiosa de los habitantes de Mérida y otros municipios.
De acuerdo con información que consigna la página Jesuitas México, la constitución de la Compañía de Jesús fue aprobada solemnemente por el papa Paulo III en la bula “Regimini militantis Ecclesiae”.
Las primeras diez personas que conformaron la orden religiosa fueron Ignacio de Loyola, fundador y primer superior general; Francisco Xavier, Pedro Fabro, Claude Jay, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, Simón Rodríguez, Juan Coduri y Pascasio Broët.
A lo largo de 480 años, no solamente de México han sido expulsados los jesuitas, sino también de otros países, que, al igual que el nuestro, los restauraron.
Actualmente la Compañía cuenta con 17,000 miembros en el mundo, de los cuales unos 220 están en México.
En Mérida sirven cuatro. El padre Jorge Alberto Flores Ulloa es el superior en Yucatán, rector de El Jesús y director de la Casa Páez; llegó a finales de agosto de 2024. Con él colaboran los padres Juan Dingler Celada, Bernardo Murcio, ambos de más de 80 años de edad, y Enrique Carrasco.
“Enviados por San Francisco de Borja, tercer superior general de la Compañía de Jesús, 15 jesuitas llegan a tierras mexicanas el 9 de septiembre de 1572, bajo las órdenes del padre Pedro Sánchez, primer superior provincial”, relata Jesuitas México. “Ya establecidos en la capital del virreinato novohispano, Sánchez promueve la fundación de un colegio-seminario en 1573”.
“Ese mismo año comienzan a recibirse a los primeros novicios. Para finales del siglo XVI, los jesuitas ya están establecidos en la actual Ciudad de México, Pátzcuaro, Oaxaca, Puebla, Valladolid (Morelia), Zacatecas y Guadalajara, en donde han fundado colegios e iniciado ministerios pastorales”, continúa.
“También han iniciado misiones en regiones de Sinaloa, Durango, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí”, precisa.
Presencia actual
En la actualidad, la Compañía de Jesús en México desarrolla su misión en ciudades y regiones de 15 estados: Tijuana (Baja California), Chihuahua y Sierra Tarahumara (Chihuahua), Torreón y Parras (Coahuila), Monterrey (Nuevo León), Tampico (Tamaulipas), Guadalajara, Puente Grande y Ciudad Guzmán (Jalisco); León (Guanajuato), Chalco (Estado de México), Puebla (Puebla), Oaxaca y Jaltepec (Oaxaca); Tatahuicapan y Huayacocotla (Veracruz); Plátano y Cacao (Tabasco), La Arena, Bachajón y Frontera Comalapa (Chiapas); Ciudad de México y la capital yucateca.
La Compañía de Jesús llegó a tierras del Mayab al cumplir un siglo de fundada y se estableció en Mérida. En octubre de 1604, el Ayuntamiento de esta ciudad invitó a algunos de sus sacerdotes a incorporarse a la Península para establecer un colegio, debido a su fama como educadores de la juventud. En 1605 llegaron los reverendos padres Pedro Díaz y Pedro Calderón.
A mediados del siglo XVI se construyó el Colegio de los Jesuitas, el templo a cargo de la Orden y su vivienda. El Colegio de San Francisco Javier fue inaugurado en 1618 y en 1624 se convirtió en universidad.
Los jesuitas fueron expulsados de México en el siglo XVIII por real cédula que ordenaba la expulsión de todos los integrantes de la congregación que se encontraran en los dominios españoles.
El 7 de agosto de 1814, el papa Pío VII restableció la Compañía de Jesús, a través de la bula “Sollicitudo omnium ecclesiarum”, con lo cual los sacerdotes de la Orden regresaron al país para servir, a pesar de que se enfrentaban a muchas vicisitudes. Cada vez que se les expulsaba, volvían.
A Yucatán regresaron en 1903 para establecerse en su antigua vivienda, pero una vez más se les echó de esta tierra por decreto emitido en 1914.
En 1915, el gobierno dispuso el cierre de los templos del Estado y el destierro del país de sacerdotes extranjeros y yucatecos. Pero el 19 de junio de 1925 regresaron los padres a Mérida y desde entonces no han dejado de servir y evangelizar.
Los jesuitas han dejado un legado significativo en la educación y la vida religiosa de Yucatán, en el cual destaca la iglesia de El Jesús, que formaba parte del antiguo convento de San Francisco Javier.
Celebración
La comunidad jesuita y sus colaboradores han celebrado el centenario de presencia ininterrumpida con actividades especiales en la Casa Páez y otras sedes, en las que se destaca su labor en Yucatán.
El programa general de Mes Ignaciano comenzó el sábado 5 con la Velada Ignaciana en la Casa Páez y se prolongará hasta el próximo jueves 31. El domingo 20, por ejemplo, tuvo lugar la Kermés Ignaciana.
En el pasillo exterior del Centro Cultural Olimpo, el viernes pasado se inauguró la exposición “Madre Tierra: Armonía, heridas y esperanza”, con fotografías del padre Enrique Carrasco, cuyo propósito es despertar el sentimiento de esperanza y denunciar los daños hechos a la creación de Dios.
La muestra incluye imágenes capturas por el sacerdote en comunidades de pueblos originarios de Bolivia, Chile, la Amazonia peruana —el último lugar donde estuvo de misión— y regiones de México, entre las cuales se incluye Yucatán.
La exposición podrá visitarse hasta el 10 de agosto.
Para cerrar el programa de celebraciones, este jueves 31 se conmemorará la fiesta de San Ignacio de Loyola con una ceremonia eucarística a las 7 p.m. en El Jesús, seguida de convivencia.— Claudia Sierra Medina
