El arqueólogo Luis Alfonso Millet Cámara, Saúl Villa y Otto Bauerle en el Museo Palacio Cantón
El arqueólogo Luis Alfonso Millet Cámara, Saúl Villa y Otto Bauerle en el Museo Palacio Cantón

Con el fotograbado como lenguaje común, los artistas visuales Otto Bauerle y Saúl Villa conversaron con el Diario en el Museo Regional de Antropología Palacio Cantón sobre la exposición “Donde la ceniza quiso ser nido”, una invitación sensible y provocadora a mirar desde el Sur, a reconocer en los restos del tiempo —arquitectónicos, humanos o simbólicos— los rastros de una memoria que resiste.

La exposición, que, como informamos, fue inaugurada el pasado 11 de julio, forma parte del ciclo “Construyendo miradas”, programa impulsado por el recinto para abrir diálogos entre el arte, la fotografía, la antropología, la arqueología y el patrimonio cultural de Yucatán.

La muestra es resultado de un proceso colaborativo de años, marcado por la experimentación técnica y la búsqueda conceptual. “El grabado es, en cierto sentido, el internet de hace 500 años”, afirmó Saúl Villa.

“Es una tecnología de difusión de ideas, y lo sigue siendo. Nos permite dar forma a imágenes que, de otro modo, no existirían. En mi caso, lo veo como un archivo íntimo: son imágenes que he coleccionado toda mi vida en la memoria, y que ahora se vuelven tangibles”.

Villa —radicado en Mérida, con formación en Londres, Barcelona y la Escuela Superior de Artes de Yucatán, hoy Universidad— es reconocido por una obra que mezcla ironía, crítica y exploración formal en soportes no convencionales, instalación y arte de acción.

En esta exposición, su trabajo dialoga con el de Otto Bauerle, fotógrafo con más de tres décadas de trayectoria, pionero de la fotografía digital en Yucatán, formado en Canadá y especializado en fotografía análoga en el Centro Estatal de Bellas Artes.

Bauerle aporta una serie de piezas que documentan con crudeza y sensibilidad los vestigios de las haciendas henequeneras, los guetos y los espacios de confinamiento, así como escenas subterráneas que remiten a la espera, el aislamiento y la contemplación.

Disrupción

Para Villa fue disruptivo plasmar parte de la colección del museo desde su perspectiva y técnica, ya que, si bien son piezas prehispánicas halladas en la localidad, tomaron un sentido muy diferente al pasar por las manos del artista. Y después un salto amplísimo en la prueba nuclear, “quedó excelente la instalación”, compartió.

“La primera condición del museo fue trabajar con un tema local”, recordó Bauerle. “Yo tenía una serie sobre haciendas en ruinas y personas que aún trabajan en esos espacios. Es un recordatorio de lo que persiste, de las estructuras físicas y sociales que aún se sostienen”.

“Luego quise ampliar el discurso a otros contextos: guetos europeos, campos de concentración, estaciones de metro. Todos, lugares de tránsito o encierro. La idea era mostrar cómo el paso del tiempo y las condiciones históricas se inscriben en la arquitectura y en los cuerpos”.

La conjunción técnica entre la fotografía digital y el grabado calcográfico alcanza, de acuerdo con Bauerle, un nivel sin precedentes: “Sin falsa modestia, esta es la primera vez que el fotograbado se eleva a esta calidad técnica en Yucatán. Es un trabajo meticuloso, artesanal, pero que parte de imágenes digitales actuales”.

“El proceso finaliza en la impresión sobre placas de metal, con una riqueza visual y una textura que remiten a los grandes grabadores de antaño”.

En un paseo por la muestra, el arqueólogo Luis Alfonso Millet Cámara —egresado de la ENAH y con una amplia trayectoria en el Centro INAH Yucatán, del que ha sido subdirector y director— ofreció una lectura de las obras expuestas.

Para él, las imágenes no solo evocan el pasado, sino que también lo interpelan: “Las piezas de Saúl y Otto proponen una mirada crítica y sensible sobre el presente, a partir de vestigios que no son estáticos”.

“Hay una invitación a la conciencia social, a no repetir las condiciones de desigualdad que marcaron a generaciones anteriores. Son imágenes que nos recuerdan que la Historia no está cerrada, que aún podemos decidir hacia dónde vamos”, añadió.

Para el museo, esta exposición es significativa porque permite explorar, desde la gráfica contemporánea, el patrimonio tangible de Yucatán: sus haciendas, su arquitectura en ruinas, su pasado industrial y sus silencios sociales.

Las piezas exhibidas no son simples ejercicios de taller, sino fragmentos de Historia convertidos en materia visual, en la cual metal, papel y sombra actúan como soportes de una memoria compartida. Las obras reunidas —muchas de ellas nacidas de largas exploraciones territoriales y técnicas— conforman un mapa afectivo de espacios en resistencia.

Para el museo representa también una apuesta por el cruce entre disciplinas, en que la gráfica contemporánea dialoga con la arqueología, la antropología y la historia social, abriendo posibilidades de lectura del territorio y del presente.

La comunidad yucateca y sus visitantes están invitados a recorrer “Donde la ceniza quiso ser nido” de martes a domingo, de 8 a 17 horas (último acceso a las 16:30 horas).

En palabras de Saúl Villa, “esta exposición no busca decorar, sino provocar; quien la visite puede salir con nuevas preguntas o con una sensación más clara de lo que persiste en los márgenes, las cenizas, los recuerdos”.

El ciclo “Construyendo miradas” continuará con nuevas exposiciones que cruzan disciplinas, saberes y territorios.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

De un vistazo

Geografías

Desde haciendas henequeneras y estructuras en ruina hasta los guetos marcados por el olvido y las estaciones subterráneas cargadas de soledad, la muestra “Donde la ceniza quiso ser nido” propone un recorrido por geografías donde el pasado aún vibra.

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