El fervor sanmiguelino se manifestó ayer en las calles del Centro con una peregrinación que trajo consigo el alma devota de Maxcanú.
Más de 200 maxcanuenses, ataviados en su mayoría con trajes típicos, llenaron de color y fe el trayecto entre la iglesia de Monjas y la Santa Iglesia Catedral.
El evento, celebrado en el marco del Jubileo de la Esperanza, formó parte también de las festividades en honor a San Miguel Arcángel, patrono de Maxcanú.
Ni el intenso calor vespertino logró disminuir el entusiasmo de los peregrinos, quienes caminaron con orgullo y devoción portando estandartes de raso y terciopelo bordados con hilos dorados, además de pabellones en colores patrios. Detrás de ellos avanzaba la venerada imagen de San Miguel Arcángel, faro y símbolo de fe para los asistentes.
La peregrinación reunió a grupos pastorales y representantes de los 18 gremios que año con año animan la fiesta patronal en Maxcanú, mostrando así la riqueza cultural y religiosa del municipio, conocido también por su tradicional cultivo de jícama.
Cánticos, oraciones y la música de charanga se conjugaron para crear un ambiente de comunidad que no pasó inadvertido para las personas que transitaban por la Plaza Grande. Turistas nacionales, extranjeros y meridanos se detuvieron, cautivados por el espectáculo. Cámaras y teléfonos celulares capturaron cada instante de la procesión maxcanuense que, por primera vez, se realizó en Mérida de manera multitudinaria, como si el pueblo entero hubiera viajado a compartir su fe.
El párroco de Maxcanú, padre Fausto Pereyra Castillo, encabezó la caminata que culminó con la entrada a la Catedral, donde los peregrinos fueron recibidos por el padre Juan Pablo Moo Garrido, rector del principal templo católico de Yucatán.
Durante la misa, el padre Fausto, originario de Maxcanú, destacó la entusiasta participación de los fieles. “¡Qué bonito ver que trajimos nuestro testimonio a Mérida, la riqueza de nuestra parroquia!”, expresó en su homilía, en la cual exhortó a los creyentes a esforzarse en su vida de fe.
La celebración concluyó con la tradicional aclamación del sacerdote: “¿Quién como Dios?”, a la cual los presentes respondieron a una sola voz: “¡Nadie como Dios!”.
La devoción a San Miguel Arcángel en Maxcanú es una tradición centenaria que se transmite de generación en generación. Cada septiembre, las calles del municipio del poniente del Estado se llenan de color con la llegada de los gremios a la iglesia parroquial.
Ayer, Mérida fue testigo de esa misma alegría y fervor hacia el “Príncipe de la milicia celestial”, en una muestra de fe y tradición que unió a dos comunidades en un mismo espíritu.— IVÁN CANUL EK




