Los pantalones rasgados, como los que en la imagen de 2017 luce un integrante del grupo Márama, ya se llevaban durante el siglo XV
Los pantalones rasgados, como los que en la imagen de 2017 luce un integrante del grupo Márama, ya se llevaban durante el siglo XV

MADRID (EFE).— Todo, o casi todo, está inventado. Los pantalones rasgados surgieron en el siglo XV, no en la década de 1990; los piercings ya los lucían las damas en el XVII y los corsés también los portaban los caballeros.

La moda de hace seis siglos trasciende a los modernos del siglo XXI. Así lo refleja Consuelo Sanz de Bremond en el libro “Historia de la indumentaria española” (Almuzara), un tratado sobre la moda desde la Edad Media hasta el siglo XX, que rompe con la idea de austeridad y limpieza de Isabel La Católica (1451-1504) y con el lúgubre vestuario de la corte de Felipe II (1527-1598).

“Es un estudio sociológico sobre cómo la ropa delimita clases sociales, gremios o estado civil”, explica Sanz de Bremond, cuyo objetivo con el texto es que el lector “se sorprenda y se ría”.

Aunque resulte difícil de creer, bragas o calzones es un término que aparece documentado en el siglo XII, atribuido a una prenda interior masculina y fue en el XX cuando cambió de género.

La década de 1990 coronó los vaqueros rotos gracias a David Beckham y sus Gucci, pero en realidad en el XV eran habituales los cortes en las mangas de los jubones y las calzas masculinas, una tendencia que se originó en Italia y que hacía visible la tela de la prenda inferior, que solía ser de distinto color.

Por otro lado, los metrosexuales no eran bien vistos en el XVI, una época en la que se consideraba falta de masculinidad que los hombres se afeitaran la barba y utilizaran cosméticos; las críticas se ensañaban con los que usaban joyas y corsés en el XIX, que tantas ganas tenían de eliminar de su atuendo las féminas en el XVIII.

Estas modas exigían fortaleza de quienes las seguían, advierte Sanz de Bremond, quien recuerda que los cambios en la vestimenta femenina y masculina siempre han tenido comentarios moralistas hacia las nuevas tendencias. “Cada moda esconde una revolución”, asegura Sanz de Bremond.

Pese a lo que pueda parecer, los piercings no son un fenómeno reciente. María de Portugal llevó hasta cinco pendientes en una oreja, como demuestra el cuadro de Antonio Moro del siglo XVI. Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, deja que un cordón de oro pase por distintos agujeros de su oreja.

La incorporación de jaqueta —una chaqueta más corta— y el jubón en el XV soportó los aspavientos de los más mayores; con estas prendas cortas, las ajustadas calzas dejaban a la vista la forma de los genitales, que se cubrían con una prominente bragueta en la que algunos introducían diferentes objetos para hacerla más grande y presumir de virilidad.

Otro momento destacado fue la incorporación del pantalón al armario femenino a mediados del siglo XX. En Europa y Estados Unidos se introdujo antes que en España, al estar asociado a las milicianas durante la Guerra Civil (1936-1939).

Josep Ferré, a finales de los años 50, fue el primero que propuso el traje pantalón y logró que las mujeres de más edad lo utilizaran.

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Consuelo Sanz de Bremond desmonta una de las ideas falsas más extendidas:

Sí se bañaba

Isabel La Católica nunca dejó de asearse, una actitud que se confundió con la que sí adoptó Isabel Clara Eugenia de Austria, de “no mudar camisa hasta ser dueña de la plaza” en referencia a Ostende, actual Bélgica.

Escotada

Por otro lado, Isabel no era ni sobria ni recatada en el vestir. “Traía de cabeza a su confesor”, fray Hernando de Talavera, con los escotes de sus vestidos, y consideraba “indecente” que utilizara la saya con verdugos al dejar los pies al descubierto.

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