LONDRES (AP).— El príncipe Enrique llegó ayer al Reino Unido, lo que generó especulaciones sobre si se reunirá con su padre, el rey Carlos III, por primera ocasión en 19 meses.
En medio de señales de un deshielo en la fría relación entre Enrique y el resto de la familia real, los medios británicos sugieren que el viaje del príncipe a Londres en el tercer aniversario de la muerte de Isabel II abre la oportunidad de un acercamiento largamente esperado entre Carlos, de 76 años, y el hijo de quien se distanció.
Enrique visitó la tumba de la monarca en Windsor para presentarle sus respetos y dejar flores. El príncipe ha tenido poco contacto con su padre y su hermano mayor Guillermo desde que él y su esposa Meghan Markle renunciaron a sus deberes reales y se mudaron a California en 2020. La relación se enfrió aún más después de que la pareja expusiera sus quejas contra el Palacio de Buckingham en una entrevista reveladora con Oprah Winfrey, una serie de Netflix y las memorias de Enrique, “En la sombra (Spare)”.
La última vez que Enrique y Carlos se encontraron fue en febrero de 2024, cuando el príncipe voló a Londres tras recibir la noticia de que su padre había sido diagnosticado con cáncer. Enrique pasó unos 45 minutos con Carlos antes de que el rey volara a su finca campestre de Sandringham para recuperarse del tratamiento.
Enrique estuvo por última vez en Londres en abril, cuando el Tribunal de Apelaciones rechazó su intento de restaurar la protección policial que se le había cancelado cuando dejó de ser miembro activo de la realeza. Carlos estaba en una visita de estado a Italia en ese momento, por lo que una reunión era imposible.
El caso judicial fue en sí mismo un impedimento para mejorar las relaciones porque Enrique criticó al gobierno del rey en los tribunales. Pero una vez que terminó, el cambio se hizo posible. Inmediatamente después del fallo, Enrique dijo que “le encantaría reconciliarse con su familia”.
“No tiene sentido seguir peleando más”, declaró a la BBC el día en que se resolvió el caso judicial. “La vida es preciosa. No sé cuánto tiempo más le queda a mi padre”.
A pesar de esa rama de olivo, Enrique adoptó un tono combativo que podría torpedear las esperanzas de reparar la ruptura familiar. Aseguró repetidamente que la decisión de retirar su seguridad se tomó bajo la dirección de la casa real en un esfuerzo por controlarlo a él y su esposa mientras ponían en riesgo su seguridad.
“Lo que me cuesta perdonar, y probablemente siempre me costará perdonar, es la decisión que se tomó en 2020 que afecta cada uno de mis días y que conscientemente nos pone a mí y a mi familia en peligro”, indicó.
Pero con la demanda fuera del camino, el ambiente que emanaba de los partidarios de Carlos y Enrique parecía cambiar. En julio, el nuevo equipo que maneja las comunicaciones de Enrique y Meghan, encabezado por Meredith Maines, con sede en Los Ángeles, fue visto en el balcón de un club privado en Londres hablando con Tobyn Andreae, el representante de prensa del rey.
El “Mail on Sunday” estuvo presente para tomar una foto de lo que el periódico llamó: “La cumbre secreta de paz de Enrique”.
Independientemente de quién avisó al periódico, mostró un cambio de tono pues la reunión no habría ocurrido si los convocados no hubieran dado su consentimiento tácito.
Y anoche Enrique acudió a la entrega de los Premios WellChild en Londres.
El evento, que celebra la valentía de los niños gravemente enfermos y de quienes los cuidan, es patrocinado por una organización benéfica que Enrique ha apoyado durante mucho tiempo. Es un recordatorio de que hasta hace relativamente poco Enrique era una de las principales atracciones del esfuerzo de la familia real por acercarse a los británicos más jóvenes y diversos.
“Durante 20 años, estos premios han destacado el coraje de los jóvenes que viven con necesidades de salud complejas y han iluminado a los cuidadores dedicados —familiares y profesionales— que los apoyan en cada paso del camino”, manifestó el príncipe en un comunicado emitido por la organización benéfica. “Sus historias nos recuerdan el poder de la compasión, la conexión y la comunidad”.
Pero será difícil deshacer el daño causado por las acusaciones de insensibilidad, conflicto y racismo de Enrique y Meghan dentro de la casa real.
Las explosivas memorias de Enrique, “En la sombra”, destrozaron la apariencia de unidad que los miembros de la realeza presentan al público, retratándolos como rivales intrigantes que utilizan una relación cómoda con los medios para competir por el favor del público. También reveló los detalles de conversaciones privadas, incluida una entre el rey y sus hijos, que se llevó al cabo en un cementerio con la esperanza de ocultarla a la prensa.
“Por favor, chicos”, cita Enrique a Carlos diciendo. “No hagan de mis últimos años una miseria”.
Pero Carlos puede tener un incentivo para dejar atrás el pasado. Ahora, acercándose a su 77 cumpleaños y continuando con el tratamiento contra el cáncer, el rey puede querer pasar más tiempo con sus nietos, Archie, de 6 años, y Lilibet, de 4, quien nació después de que sus padres se mudaran al adinerado enclave de Montecito, en el sur de California.
Enrique puso la responsabilidad de cualquier reconciliación en su familia. En su entrevista con la BBC, admitió que no se puede tener reconciliación sin verdad, y su demanda sobre la protección policial reveló la verdad sobre su batalla con el palacio. “Sería agradable tener esa parte de reconciliación ahora. Si no quieren eso, depende completamente de ellos”, opinó.
Premios Realeza
El príncipe Enrique acudió anoche a la entrega de los Premios WellChild en Londres.
Valientes
“Durante 20 años, estos premios han destacado la valentía de los jóvenes que viven con necesidades de salud complejas y han iluminado a los cuidadores dedicados —familiares y profesionales— que los apoyan en cada paso del camino”, manifestó el príncipe en un comunicado. “Sus historias nos recuerdan el poder de la conexión y la comunidad”.
