La arquitecta María Elena Torres Pérez en su ponencia de anteayer
La arquitecta María Elena Torres Pérez en su ponencia de anteayer

Un singular trazo basado en los pasos de servidumbre a través de un claro, un concepto que resaltaba el panamericanismo, un gran monumento que nunca fue, un lago que ya no existe y una administración que abarca diversos órdenes de gobierno son algunos datos poco conocidos del Parque de las Américas que la arquitecta María Elena Torres Pérez reveló en la ponencia “La historia inacabada del Parque de las Américas”, anteanoche en el Centro Cultural “José Martí”.

En el marco del 80o. aniversario del espacio, Torres Pérez ofreció una charla sobre los hallazgos que han arrojado las investigaciones del grupo interdisciplinario a su cargo, en el que toman parte alumnos de las carreras de Diseño del Hábitat, Servicio Social y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la Uady.

Comenzó explicando el porqué de la prevalencia del estilo neomaya en la construcción y cómo surgió en momentos del auge henequenero en Yucatán y de la búsqueda de una identidad para las edificaciones. En ese sentido, recordó que en la década de 1920 por decreto del gobernador Felipe Carrillo Puerto los edificios públicos debían levantarse con este estilo, que Manuel Amábilis desarrolló como pocos.

El terreno que ocupan los cuadrantes del parque correspondía a la plazoleta de San Cosme, hoy la colonia García Ginerés. Había un gran solar en el que entre 1900 y 1920 se intentó levantar una obra significativa.

En 1930, a petición del Partido Socialista de Yucatán, se propuso construir un monumento a Carrillo Puerto de proporciones desmedidas: una estructura de base triangular que prácticamente abarcaba todo el centro del terreno. Debido a la crisis económica que afrontaba el Estado ante la caída del precio del henequén este proyecto nunca se realizó.

Pasaron 10 años para que en el sitio, donde había un lago producto de la extracción de materiales pétreos para construcción —ya desaparecido—, se edificara un jardín de niños a fin de darle utilidad al espacio, que también contaba con un diamante para jugar béisbol.

El terreno estaba lleno de pasos de servidumbre, esos que se formaban en el suelo por el caminar cotidiano de las personas. El andar constante de la gente creó los senderos que habitualmente se usaban para transitar.

En 1943 las autoridades lanzaron la convocatoria para hacer un parque, como parte de un plan político de obra pública urbana para Mérida. Como resultado de este plan se crearon también la colonia México y el Monumento a la Patria.

La arquitecta Torres Pérez indicó que este monumento fue diseñado por Manuel Amábilis y se encargó su realización a Rómulo Rozo. Se había pensado instalarlo en la actual glorieta a Hidalgo, en la confluencia de las avenidas Itzaes y Colón, pero al final de cuentas se eligió Paseo de Montejo.

Unidad conceptual

La propuesta de Amábilis para el Parque de las Américas consistía en crear cuatro cuadrantes y separarlos por vialidades, pero manteniendo una unidad conceptual. Así, se concibieron dos construcciones abiertas en el eje noroeste-sureste: la Concha Acústica y la Fuente Maya. Se planearon dos edificaciones cerradas en el eje noreste-suroeste: el jardín de niños preexistente y la biblioteca “José Martí”.

Las columnas que decoran el parque se inspiran en las del Templo de los Guerreros de Chichén Itzá, y la fachada de la “José Martí”, en los acabados de las construcciones mayas de la región Puc (Uxmal) y en “La tierra del faisán y del venado” de Antonio Mediz Bolio.

El parque tiene una administración multipartita: la Concha Acústica está a cargo de Gobernación; el jardín de niños, de la Secretaría de Educación, y la fuente y la biblioteca, de las direcciones de Parques y Jardines y Cultura del Ayuntamiento.

De los chacmoles en el acceso a la parte posterior de la “José Martí”, uno es masculino y otro femenino.— Emanuel Rincón Becerra

De un vistazo

Otro autor

El parque infantil que rodea el jardín de niños “Felipe Carrillo Puerto” no está firmado por los arquitectos Amábilis sino por Víctor N. Ojeda, según reza una piedra a manera de placa.

Mural

El mural de danzantes de la Concha Acústica es obra del cubano Teodoro Zapata.

Naciones

El conjunto de 34 estelas está dedicado a igual número de naciones de América.

Mascarones

El tanque de agua de la biblioteca está adornado con cuatro mascarones de Chaac.

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