El presbítero Felipe Aké Pech celebró ayer 54 años de vida sacerdotal con una misa de acción de gracias en la rectoría de San Juan Bautista, donde exhortó a los fieles a vivir el amor y el servicio a Dios como misión fundamental.
Durante la Eucaristía, el sacerdote estuvo acompañado por los presbíteros Lucio Cetina Góngora, Fernando Zapata Vázquez y Justo Ceballos Uc. Los dos primeros también conmemoraron en la misma fecha sus aniversarios sacerdotales.
El padre Aké Pech tuvo a su cargo la homilía, en la que reflexionó sobre el Evangelio de San Lucas y la convivencia de Jesús con la familia de Lázaro. Recordó la escena en la que Marta, afanada en las tareas de la cocina, le pide a Jesús que María la ayude, y Él le responde invitándola a descubrir lo verdaderamente esencial.
“Jesús nos enseña a no desestimar las cosas materiales ni secundarias, pero sí a reconocer que lo más importante es servir y amar a Dios”, expresó.
Conversión de fe
El sacerdote destacó que esa es la misión que Cristo encomendó a los sacerdotes: invitar a los fieles a la conversión y al encuentro personal con Dios. “Nuestra vida es servir y amar a Dios, darlo a conocer y enseñar a amarlo. Si cumplimos con ello, Dios actúa a través de nosotros”, subrayó.
El padre Felipe Aké señaló que esa vocación no es exclusiva de los sacerdotes, sino de todos los creyentes. “Al ser bautizados, todos somos profetas, sacerdotes y reyes. Esa es también la misión de cada uno en la vida”, indicó.
Recordó que fue ordenado sacerdote el 7 de octubre de 1971 junto con otros seis seminaristas de la diócesis. Su primera encomienda fue en la iglesia de San Bernardino de Siena, Valladolid, y desde entonces ha prestado servicio en diversas comunidades, entre ellas Mérida.
Hace un mes asumió la rectoría de San Juan Bautista, donde actualmente guía a la comunidad. “Estoy aquí tratando de seguir el llamado santo que Dios me ha encomendado”, señaló.
Durante su mensaje, reiteró su invitación a vivir la fe con autenticidad y a mantener una conversión constante. “Si realmente queremos amar a Dios, debemos convertirnos cada día y comprender que no hay otro valor más grande que seguir a Jesucristo. Él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida; así alcanzaremos la paz y la armonía”, dijo.
Al concluir la misa, los sacerdotes participaron en un convivio con los feligreses. Fieles provenientes de otras parroquias donde el padre Felipe Aké ha ejercido su ministerio acudieron para acompañarlo en su celebración.— IRIS CEBALLOS ALVARADO




