• Madre María Esther Pinto Canul, superiora local de las Oblatas de Jesús Sacerdote, en la entrevista
  • Las Oblatas combinan oración y cocina como muestra de servicio

Las Madres Oblatas de Jesús Sacerdote desempeñan una labor discreta pero fundamental en el Seminario Conciliar de Yucatán, donde se forman los futuros sacerdotes católicos. Su trabajo cotidiano, silencioso y constante, se asemeja —en palabras de la religiosa María Esther Pinto Canul, superiora local— “a la sangre que no se ve, pero que da vida”.

Este mes, la congregación celebra 75 años de haber llegado a Yucatán para servir al Seminario Conciliar. Su arribo se dio en 1950, durante el arzobispado de monseñor Fernando Ruiz Solórzano. Como parte de los festejos, el jueves 23 se realizará una misa de acción de gracias presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, a las 19 horas, en la capilla del Seminario. La comunidad está invitada a participar en la celebración, que tendrá la presencia de la madre superiora general Landy Tun Pinto, originaria de Yucatán.

En el marco de este aniversario, las cuatro religiosas que conforman la comunidad, con el apoyo de auxiliares, prepararán alrededor de 250 litros de pozole rojo. Este platillo se pondrá a la venta el próximo sábado 25, un día antes de la Súper Kermés del Seminario Conciliar, como parte de su contribución a la casa formadora de sacerdotes.

La superiora local, madre María Esther Pinto, recordó que la congregación llegó a la entidad con la misión específica de servir al Seminario. “Durante estos 75 años, muchas religiosas han pasado por esta casa, algunas de ellas ya fallecidas”, expresó. Actualmente, la comunidad está integrada por las hermanas Silvia Acereto Campos, Trinidad Reyes Vázquez y Gloria Hernández Oropeza.

El padre fundador de esta obra mexicana, Félix de Jesús Rougier, creó la congregación con el propósito de cuidar la vocación y el bienestar de los sacerdotes y seminaristas, tanto espiritual como corporalmente. “Cuerpo sano, mente sana”, expresó la madre María Esther al describir su carisma.

Las Oblatas apoyan en la cocina, oran por las vocaciones, colaboran en la formación de los seminaristas y, además, participan en diversas tareas pastorales. Una de las religiosas trabaja en la secretaría del Arzobispado, mientras que otras integran el equipo de Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis.

En Ciudad de México, la congregación mantiene un taller en el que elaboran y venden ornamentos litúrgicos, como casullas, albas y sotanas. “En este aniversario damos gracias a Dios, pedimos por la congregación y compartimos la alegría de consagrar nuestra vida al servicio del sacerdocio”, comentó la superiora local.

Al reflexionar sobre los 75 años de presencia en Yucatán, la religiosa destacó que esta trayectoria es “una obra de Dios que permanece”. A su juicio, el testimonio de las Madres Oblatas es una muestra viva de la fe y un signo que inspira a otras personas a acercarse más al Señor.

La congregación ha sido testigo de la ordenación de numerosos sacerdotes del presbiterio yucateco. Las Oblatas son consideradas “mamás espirituales” de los seminaristas, pues muchos de ellos llegan jóvenes y necesitan una presencia materna. “Cuando alguno se enferma, estamos pendientes de su cuidado, les preparamos té o los alimentos que necesiten, lo mismo que a los sacerdotes del equipo formador”, explicó la madre María Esther. “Es un trabajo que no se ve”, añadió.

La congregación, fundada en Tlalpan y aprobada en 1937, tiene presencia en diversas regiones de México, en Estados Unidos y en Roma, y cuenta con alrededor de un centenar de consagradas. Su carisma se resume en una frase: “Amar al sacerdocio de Cristo y hacerlo amar”.

Pozole solidario

Respecto a la tradicional venta de pozole, la religiosa explicó que esta actividad se realiza desde hace unos 30 años, originalmente como parte de la Súper Kermés. Sin embargo, después de la pandemia de Covid-19 comenzaron a ofrecerlo directamente desde el Seminario, lo que resultó más práctico y ha tenido una mejor respuesta.

“Cada religiosa pone su toque especial al pozole”, manifestó la madre Esther. Una de las hermanas, originaria de Irapuato, le da un sabor particular a la receta con carne de cerdo. El platillo se ofrece por litro y medio litro, a 120 y 65 pesos respectivamente, e incluye tostadas y guarniciones.

Para su preparación, las religiosas emplearán entre 50 y 55 kilos de carne, 25 latas grandes de maíz pozolero y diversos condimentos. Con el paso del tiempo han adquirido experiencia para calcular las proporciones exactas. La entrega de los pedidos se realizará el sábado 25, de 9:30 a 16 horas, en la entrada del Seminario Conciliar (número 78 de la calle 18, Itzimná). Los pedidos pueden hacerse de lunes a viernes, de 9 a 13 horas y de 16 a 18 horas, a los números 9995-65-06-69 y 5574-76-75-74.

“Es una forma de apoyar al Seminario y de participar en su sostenimiento”, concluyó la religiosa.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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