Aurelio Sánchez Suárez junto a María Elena Torres Pérez durante la ponencia sobre la simbología y vigencia de la casa maya, impartida ayer
Aurelio Sánchez Suárez junto a María Elena Torres Pérez durante la ponencia sobre la simbología y vigencia de la casa maya, impartida ayer

La casa maya es un códice viviente por los significados que encierra, los elementos que la componen y los nombres que la describen. Se trata de una de las viviendas originarias con mayor carga simbólica y espiritual de México, afirmó el doctor en Arquitectura Aurelio Sánchez Suárez durante su participación en el segundo Coloquio Internacional de Nueva Arquitectura Indígena en las Américas y el primer Congreso Internacional de Arquitectura Indígena en las Américas, realizados en el Ateneo Peninsular.

El investigador destacó que la casa maya continúa vigente y viva porque en su cosmovisión la casa es un sujeto, no un objeto. “Durante el período mesoamericano, la casa tenía una concepción divina, pero con la llegada de los españoles se redujo a una choza, y ahí comenzó el colonialismo”, señaló.

Sánchez Suárez explicó que existen dos etapas históricas: la primera, en la que la casa era considerada una morada sagrada con gran valor arquitectónico y simbólico, y la segunda, posterior a la colonización, cuando la vivienda fue despojada de su significado y se convirtió en un símbolo de exclusión social. A su juicio, aunque la Colonia terminó formalmente, persiste un colonialismo interno que ha impedido el pleno reconocimiento del valor cultural de la casa maya.

El arquitecto, maestro en restauración de monumentos, enfatizó que el pueblo maya está “descolonizando la vergüenza impuesta” y reivindicando la casa como símbolo de identidad y no de pobreza. Recordó que los conocimientos constructivos de la casa maya se han preservado durante más de tres mil años. “En la zona maya, se sigue amarrando la casa, como evidencia de la continuidad de un saber ancestral”, puntualizó.

Durante la conferencia titulada “La xa’anil naj como resistencia ante el colonialismo y neocolonialismo interno”, el académico sostuvo que el pueblo maya debe ejercer soberanía sobre sus saberes y no depender exclusivamente del reconocimiento gubernamental o institucional. “No se trata solo de declarar patrimonio, sino de mantener viva la fuerza de la tradición para resistir al colonialismo que aún se impone”, señaló.

Apropiación del término

El expositor estuvo acompañado por María Elena Torres Pérez, coordinadora del primer Congreso Internacional de Arquitectura Indígena de las Américas, y durante su intervención analizó cómo el concepto de “casa maya” ha sido apropiado por el turismo y la academia, desvirtuando su verdadero sentido para los mayas.

Explicó que este proceso de apropiación forma parte de una larga historia de exclusión y discriminación hacia los saberes tradicionales, aunque paradójicamente es en estas viviendas donde se concentra gran parte de la información sobre la vida cotidiana de las antiguas ciudades mayas.

Sánchez Suárez recordó que las casas mayas, llamadas “la casa de los señores del cielo y del inframundo”, eran representadas en la ornamentación de sitios como Uxmal, donde es posible observar el perfil de estas construcciones y las bóvedas que se extendieron por toda la región. Subrayó que los arquitectos mayas otorgaban gran relevancia a estas edificaciones, no solo como espacios habitacionales, sino como lugares sagrados donde habitaban los creadores y guardianes.

El especialista detalló los elementos que conforman la estructura tradicional: los horcones, el bajareque, el huano y las maderas. Explicó que en la parte media del techo existe un marco estructural que le proporciona resistencia ante los vientos, sin el cual la casa se derrumbaría. “Es un sistema constructivo perfecto en su equilibrio”, puntualizó.

También señaló que en la arquitectura indígena existe una analogía entre el cuerpo humano y la vivienda: la puerta representa la boca, las ventanas los ojos y el techo el cabello. Sin embargo, aclaró que los mayas llevaban esta relación a un nivel filosófico más profundo.

El doctor Sánchez sostuvo que, para los mayas, la casa tiene que morir, idea que contrasta con los conceptos modernos de patrimonio material, que buscan conservar las edificaciones de manera estática. “El hecho de que una casa muera obliga a la nueva familia a construir otra, garantizando así la transmisión intergeneracional de los saberes para amarrarla. Es una forma de perpetuar la tradición y mantenerla viva desde hace más de tres milenios”, explicó.

Añadió que la casa maya debe entenderse como un código simbólico que los españoles no lograron descifrar, pero que para los mayas representó un refugio espiritual ante el despojo. “La casa debe morir cuando quien la construyó y la habitó muere, y así nace otra, amarrada por nuevas generaciones que mantienen viva la filosofía ancestral”, afirmó el investigador.

Finalmente, el doctor Aurelio Sánchez Suárez, integrante del Sistema Nacional de Investigadores de México y coordinador de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Doctor Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán, reiteró que la casa maya es un códice que contiene en su estructura la memoria, la espiritualidad y la sabiduría milenaria del pueblo maya, una arquitectura que, según dijo, “alcanzó la perfección hace tres mil años y no ha necesitado mejorar”.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán