


El fresco aire de los finados se podía sentir bajo la dura sombra de los árboles de ramón. Algunos delgados rayos de Sol apenas lograron penetrar entre las hojas para alcanzar con una luz tenue, pero suficiente, el Altar Monumental, convirtiendo las ofrendas en objetos iridiscentes, como las plumas de los x-kau cuyo característico canto completó el matutino misticismo en la Plaza Grande de la antigua urbe maya de Ichcaansihó.
El ambiente cargaba el olor a incienso que se esparció con el humo blanco entre las veladoras, las flores, los dulces de calabaza, los mazapanes, las chinas, las mandarinas, las jícamas, el relleno negro, el relleno blanco, el pib, entre otras cosas colocadas, con mucho respeto, sobre manteles blancos con bordados de punto de cruz, como ofrendas para los “pixanes” que acostumbran viajar desde el inframundo (Xibalbá) hasta nosotros durante el Hanal Pixán.
El humo con olor a incienso recorrió suavemente cada nivel del Altar Monumental colocado por el Ayuntamiento de Mérida, hasta la parte más elevada, donde se instaló una cruz de madera con casi 300 años de cultura maya y colonización representados, por una parte con dibujos que hacen referencia al cristianismo y por otra, con el color verde que evoca al ceibo o yaaxché, el árbol sagrado de los mayas, sobre el cual se rige la existencia según esta cultura, explicó ayer por la mañana Raúl Lam Medina, de la Dirección de Identidad y Cultura municipal, a decenas de personas, entre locales y extranjeras.
A los pies del altar los visitantes no solo escucharon, sino que también sintieron, evocaron y se hicieron parte de este rito. En medio de las explicaciones de Lam Medina, del fresco aire de los pixanes, el sonido de los x-kau y el humo con la fragancia de resinas y aceites vegetales estaba Rose, quien dejó en forma de ofrenda bajo una lata de refresco una carta escrita en inglés y dirigida a su “Dear Dad” (querido papá): “Aquí estoy en México y no estaría aquí si no fuera por ti, de muchas maneras. Me diste tu espíritu aventurero y me mostraste lo divertida que puede ser la vida si le dices que sí a cosas nuevas, locas y emocionantes. También me dijiste que la vida era corta, que debía viajar mientras pudiera y siempre recordaré los lugares a los que fuiste. Te extraño)”.
Las personas permitieron que la nostalgia y cosmogonía maya los uniera de nuevo con sus “pixanes” a través de las fotografías, veladoras, juguetes y dibujos que colocaron en el altar, en una mesa con mantel blanco que el Ayuntamiento dispuso para que, quienes así lo desean, dejen ofrendas.
La mesa podrá visitarla el público hasta hoy domingo, a las 8 de la noche.
Mientras unos se retiraban y regresaban con las ofrendas, Raúl concluía recordando lo que para la cultura maya significa el Hanal Pixán, pero también hablando de la vida.
“En estas épocas sacamos nuestras emociones, nuestros sentimientos, ponemos todo aquello que ellos disfrutaron en vida. En estas fechas, todo aquello que nos lastima, nos duele, nos impide acercarnos a las personas debemos dejarlo ir. ¿Por qué? Nunca nos acercamos, nunca pedimos perdón o nunca nos disculpamos, ellos se marchan y decimos: ‘Hubiera…’, pero el hubiera no existe”.
“Así que celebren en vida, perdonen en vida, abracen y amen en vida, porque aunque estas celebraciones son hermosas ellos no van a estar una vez más sentados al lado de nosotros para poder disfrutar.”— Gabriel Chan Uicab
