Un foráneo en Yucatán compartió en su grupo familiar una foto paseando por el parque de La Plancha, en el centro de Mérida. Su familia, que vive fuera de la ciudad, le celebró la tranquilidad.
Uno comentó:
“Dichosos que no ven a nadie de aquí. Que no se están comparando…aquí todos seguimos compitiendo, envidiando y aparentando. Debe dar mucha paz no saber nada de nadie y dejar atrás el primer círculo”.
¿Pero ese foráneo realmente dejó atrás esos patrones? ¿O está construyendo, sin darse cuenta, otro círculo igual en la nueva ciudad? ¿Cuánto tiempo le durará ese estatus? ¿Buscará convertirse en local y repetir lo mismo, ahora con otros nombres?
No lo sé. Cada caso es distinto. Tal vez sí escapó un poco, y seguramente también disfruta algunos placeres nuevos. Pero probablemente extraña algo de esa “vida en comunidad”.
Hoy vivimos esa contradicción. Muchas personas me dicen que no publican su vida en redes, pero consumen la de los demás todo el día. ¿Eso es más sano? ¿O solo otra forma de seguir mirando hacia afuera?
Si no creas, consumes. Y si solo consumes, eventualmente terminas opinando, criticando, comparando. Esa es la trampa: lo disfrazamos de convivencia, de sobremesa, de “estar al día”. Pero muchas veces, esos lazos sociales solo nos bajan la energía. Y claro, todo termina con el clásico: “¿Pero quiénes somos nosotros para juzgar?”, cuando ya lo hicimos.
Sí, es cierto: no saber de tanta gente da paz. Pero también es bonito ver crecer a los hijos de los amigos de la prepa. Entonces, ¿cómo encontrar ese balance?
Llevo años diciendo, medio en broma, medio en serio, que soy “foráneo en Yucatán”, aunque mis padres y abuelos sean yucatecos. Y en esa postura he encontrado algo: libertad. Libertad para vivir mi proceso sin querer controlar el de los demás, para celebrar el éxito ajeno sin sentirme menos, para no engancharme en círculos que me restan.
Mi nombre es Alejandro Granja Peniche, esta columna es mi forma de servir. Espero te motive a construir un primer círculo más sano, y, si no puedes evitar hablar, al menos que sea desde la empatía, no desde la toxicidad. Aun así…comparte en tus grupos mi columna. Nos leemos el lunes.

