El vídeo llegó a México en la década de 1980 y transformó por completo las lógicas del quehacer cinematográfico, al abrir nuevas posibilidades narrativas y operativas para directores, guionistas y demás involucrados en la producción audiovisual, dijo la investigadora Daniela Muñoz, al participar en la última jornada del Coloquio Nacional de Historia del Cine Regional, ayer en la Universidad de las Artes de Yucatán, donde presentó la ponencia titulada “El videohome nacional: palestra predilecta de nuestro cine de explotación”.
Señaló que este formato otorgó a los espectadores una capacidad electiva extraordinaria, al permitirles decidir qué ver mientras se abarataban considerablemente los precios de acceso.
Muñoz explicó que el llamado cine de explotación constituye un tema prácticamente inédito en el ámbito académico, ya que no ha sido estudiado de manera formal y solo ha recibido menciones en medios periodísticos.
Este tipo de cine, expuso, puede considerarse también como cine de bajo presupuesto y encuentra en el videohome un espacio privilegiado para su expresión en México. En esa palestra aparecen contenidos transgresores, situados fuera de los márgenes del cine de autor, el cine académico o las producciones convencionales.
Indicó que en México estos contenidos comenzaron a manifestarse en el vídeo precisamente por su naturaleza marginal y transgresora, ya que este formato otorgaba mayor libertad creativa a los directores. Al no depender de productores tradicionales, los realizadores —a quienes algunos llaman “artesanos de la lente”— podían desarrollar obras de manera rudimentaria, pero con una libertad notable de temas y enfoques narrativos.
A pesar de no contar siempre con un dominio pleno del lenguaje cinematográfico, el videohome permitió abordar tópicos que no llegaban a la pantalla grande, abriendo de esa manera un espacio alternativo en la producción audiovisual del país.
Daniela Muñoz es maestra en Ciencias Antropológicas y doctorante en la misma especialidad.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA
