Josué Israel Quintal Gurubel, director del CUM; los hermanos Eduardo Torres Jiménez “hermano Lalo”; Manuel Franco Jauregui “Chiquilín”, Julián Solís Pasos y Alfonso Junior Chiquini Méndez; y maestros Natania Quintal Novelo y Ermilo Echeverría Castellanos, posan con sus reconocimientos tras el conversatorio
Josué Israel Quintal Gurubel, director del CUM; los hermanos Eduardo Torres Jiménez “hermano Lalo”; Manuel Franco Jauregui “Chiquilín”, Julián Solís Pasos y Alfonso Junior Chiquini Méndez; y maestros Natania Quintal Novelo y Ermilo Echeverría Castellanos, posan con sus reconocimientos tras el conversatorio

En el marco del 65 aniversario del Centro Universitario Montejo (CUM) se llevó al cabo el conversatorio “Presencia marista en el CUM, retos y oportunidades”, un encuentro que reunió a hermanos maristas, exalumnos e integrantes de la comunidad educativa con el propósito de reflexionar sobre la misión, la identidad y la huella que la institución ha dejado en Mérida desde su fundación en 1960.

La actividad fue presentada por el director general, Josué Israel Quintal Gurubel, y moderada por la Mtra. Natania Quintal Novelo, directora del Colegio Montejo, y el Mtro. Ermilo Echeverría Castellanos, rector de la Universidad Marista.

Los hermanos Eduardo Torres Jiménez, conocido cariñosamente como Lalo, Manuel Franco Jauregui “Chiquilín”, Alfonso Junior Chiquini Méndez y Julián Solís Pasos compartieron pasajes de sus trayectorias y recuerdos de su paso por distintas obras maristas en el país. El diálogo se inició con una pregunta dirigida al público: “El CUM celebra hoy 65 años de… ¿qué?”.

El hermano Lalo, con más de seis décadas dedicadas a la educación, sintetizó la historia del CUM en una palabra: vida. Rememoró los inicios de la institución y la calidez recibida por generaciones de estudiantes, maestros y colaboradores. Para él, el aniversario también celebra bendiciones, trabajo en equipo y un espíritu de familia sostenido por el corazón generoso de Yucatán.

El hermano Alfonso Chiquini relató que, aunque estudió solo tres años en el CUM, esa experiencia definió su vocación. Afirmó que “el sueño de Marcelino está más vivo que nunca”, al destacar que la misión de formar buenos cristianos y buenos ciudadanos continúa presente en cada aula y espacio de convivencia.

El hermano Julián Solís destacó que el aprendizaje constituye el eje de la vida marista y subrayó que la institución ha construido 65 años de formación integral en diversos entornos educativos. “Lo que somos hoy es fruto de los testimonios que hemos presenciado”, expresó en su intervención.

El diálogo avanzó hacia una pregunta central: ¿qué impulsa a los hermanos maristas a continuar su misión? Para el hermano Lalo, la respuesta radica en la vocación y el deseo de servir a los jóvenes: “Aquí me siento en mi hogar”. El hermano Chiquini resaltó la importancia del acompañamiento sensible, especialmente en contextos vulnerables, y compartió experiencias que marcaron vidas.

El hermano Chiquilín, distinguido por su alegría y entrega durante su gestión como director del CUM, recordó el esfuerzo de las familias y el cariño recibido por la comunidad durante su estancia en la ciudad.

En la segunda parte del conversatorio surgieron recuerdos de figuras emblemáticas para el CUM, entre ellas don Luis Ramírez, símbolo del trabajo colectivo, cuya frase “el trabajo en conjunto es el arma secreta del mundo” permanece como referencia en la comunidad marista.

Los hermanos dirigieron un mensaje a las y los jóvenes, llamándolos a esforzarse en tiempos en los que la inmediatez y la saturación digital dificultan la concentración y la convivencia. Señalaron que, a pesar de tener cientos de contactos en redes sociales, muchos estudiantes pueden sentirse solos, por lo que invitaron a valorar la oportunidad de estudiar en un colegio marista, donde la comunidad y la identidad son fundamentales.

Identidad marista

El hermano Chiquilín habló con franqueza sobre los desafíos actuales: la violencia nacional, la fragilidad familiar, la sobreexposición tecnológica y la pérdida de hábitos de espera.

En contraste, reconoció a Yucatán como un lugar privilegiado por su seguridad y ambiente de convivencia, lo que favorece el desarrollo educativo y comunitario. Subrayó que la misión marista exige atención constante, empatía y cercanía.

El orgullo marista se hizo presente también entre exalumnos que regresaron al CUM para reconectarse con sus raíces. La moderadora destacó la permanencia de estos vínculos, recordando que “vale la pena ser marista hoy”.

Al abordar el reto central de la escuela marista, el hermano Julián señaló que el mundo actual está marcado por la prisa y la disminución de la tolerancia. Frente a ello, consideró que el desafío es sostener la alegría, la gratitud y la vida en comunidad, elementos que los propios estudiantes reconocen como distintivos de su formación.

Durante la jornada se proyectó un mensaje en vídeo del exalumno Gerardo Vela, quien recordó con humor sus años en el CUM y planteó la inquietud de cómo fortalecer el carisma marista ante la disminución de vocaciones. El hermano Chiquilín reconoció esta realidad: el número de hermanos se ha reducido y la edad promedio ha aumentado. Sin embargo, aseguró que la misión permanece vigente al contar con la participación activa de numerosos laicos que sostienen y renuevan la obra.

La intervención de María Ruz, hija del recordado maestro Víctor Ruz, fue un momento emotivo. Compartió cómo el carisma marista marcó su infancia, juventud y vida adulta a través de misiones, convivencias y experiencias que moldearon su vocación. Expresó su deseo de que ese espíritu pueda fortalecerse en muchos laicos.

Al cierre, tras testimonios espontáneos de exalumnos que reafirmaron el arraigo marista, el ambiente se llenó de un sentido de comunidad.— -DARINKA RUIZ MORIMOTO

De un vistazo

Entusiasta respuesta

El director general del Centro Universitario Montejo (CUM), Josué Israel Quintal Gurubel, agradeció a los colaboradores del plantel que hicieron posible la celebración del aniversario, cuya planeación tomó un año y se concretó en cada uno de los eventos realizados. Señaló que, aunque podría haberse optado por una ceremonia sencilla, la respuesta entusiasta de los participantes impulsó una auténtica “fiesta marista”.

Reconocimientos

Al finalizar el conservatorio, entregó reconocimientos a los conversadores y moderadores antes de invitar a la foto final, que selló el encuentro con un sentimiento de unión y gratitud compartida.

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