D. Bruno Cortés Ramírez aplicó medidas disciplinarias que marcaron a miles de estudiantes del CUM durante los años setenta en Mérida
D. Bruno Cortés Ramírez aplicó medidas disciplinarias que marcaron a miles de estudiantes del CUM durante los años setenta en Mérida

Los cambios económicos, políticos y sociales experimentados en Mérida en los primeros años de la década de los años 70 impactaron a los jóvenes estudiantes de entonces, algunos de los cuales comenzaron a desafiar muchas de las normas establecidas, principalmente las relacionadas con la vestimenta.

También aumentó el consumo de tabaco entre la población estudiantil y de la mariguana, en pequeños sectores, lo que no ocurría en la década anterior.

En esta época es cuando D. Bruno Cortés Ramírez asume la dirección del Centro Universitario Montejo, una escuela marista con casi mil alumnos de secundaria y preparatoria.

Más disciplina

Para enfrentar estas nuevas condiciones, D. Bruno tomó medidas disciplinarias drásticas, muchas de las cuales aún recuerdan sus exalumnos. La primera medida y la más controversial fue prohibir el pantalón de mezclilla y las camisas sin cuello, frecuentemente asociados a jóvenes rebeldes y antisistema en ese tiempo.

En la tercera parte de la entrevista de Diario de Yucatán con D. Bruno, —la primera se publicó el miércoles 19 de noviembre y la segunda el jueves 27— éste reconoce que, “en efecto, se tomó esa medida porque la mezclilla causaba un poco más de morbo y porque era más práctico usar la vestimenta ordinaria, la que los alumnos se ponían normalmente”.

—Pero usted en ese tiempo ¿consideraba igualmente la ropa de mezclilla como un desafío a la autoridad?— pregunta el Diario.

—Exacto— responde.

—Sin embargo, con el paso de los años los pantalones y faldas de mezclilla se convirtieron en el uniforme obligatorio del CUM.

—Pues sí, pero para entonces eso era lo más práctico y económico…

—Junto a la prohibición de los pantalones de mezclilla impidió igualmente el pelo largo.

—Sí, también, por lo mismo…

—Usted, según recuerdan muchos de sus alumnos de entonces, fue implacable para hacer cumplir esas medidas y eso ocasionó inconformidad.

—Hubo protestas, claro.

—¿Cuál era su intención?, ¿decir: aquí no somos hippies, ni fumamos mariguana y nosotros no estamos en eso?

—Exacto. Sobre la mariguana supe que ya se comenzaba a fumar, pero no creí que muchachos del Colegio hubieran caído en ese vicio, pero si se oía…

Desfiles cívicos

Otra de las medidas disciplinarias impuestas por D. Bruno fue la participación obligatoria de todos los alumnos en los desfiles del 16 de septiembre y del 20 de noviembre. Para esto maestros y estudiantes se preparaban durante horas para lograr un alto nivel de marcialidad. Antes, durante su periodo como director del Colegio Montejo, entre 1963 y 1967, impulsó la formación de la escolta y la banda de guerra, logrando sobresalir ambas entre todas las escuelas de la ciudad.

Además, en los desfiles y otras ceremonias, D. Bruno impuso la obligación de vestir el uniforme de gala, con corbata, gorra y saco.

—¿Cuál era el propósito de ponerse ese saco en medio del calor?

—Militarizar a los alumnos, hacerlos más hombres. Como dato curioso, le contaré que como director del CUM, en Cordemex, me ocupé de proporcionar campos de fútbol para los muchachos, pues en ese entonces, a un lado de los salones de clase, había un terreno baldío en estado deplorable. Junto con algunos alumnos y el maestro Julio Segovia Sosa nos dedicamos a quitar las piedras y la maleza de ese terreno, con nuestras propias manos, para convertirlo en cachas de fútbol, que hoy llevan mi nombre, pero eso es historia pasada.

—También en el plantel de Cordemex —añade— me tocó promover el básquetbol, por lo que mandamos a pavimentar un terreno para construir las canchas y poner las canastas. Fomentar un poco el deporte, para retirar a los muchachos de otras obras malévolas, es una de las misiones que he tenido como Hermano Marista.

Otra constante en ese tiempo en el CUM fue la disciplina y el rigor académico. Un ejemplo de hasta qué punto podría llegar esto lo dio el profesor marista Felipe Lucatero Álvarez (q.e.p.d.), maestro de matemáticas en secundaria y muy estricto y severo en sus clases, exámenes y tareas que marcaba, lo que ocasionó oleadas de protestas de alumnos y padres de familia que pedían su destitución.

—Sobre esto yo digo que las matemáticas son muy difíciles, muy secas, no todo el mundo está para estudiarlas— explica Don Bruno Cortes. Muchos alumnos por más que quieran, no pueden. Las matemáticas son odiosas y lo siguen siendo. Solo unos cuantos alumnos selectos pueden entrar a este enjuague de las matemáticas…

—La pedagogía del Profr. Lucatero le provocó muchas dificultades como director y sin embargo lo apoyó hasta lo último.

—Tuve que apoyarlo, y no solo a Lucatero sino a otros hermanos agredidos por algún alumno. Es el caso de D. Enrique López Nieto, a quien un estudiante le mentó la madre y yo lo expulsé de inmediato. A mí también me mentaron la madre, siendo profesor del Colegio Montejo, en Itzimná. Reporté el caso al director y el agresor corrió la misma suerte: lo mandaron su casa definitivamente.

—Tanto el Montejo como el CUM son escuelas de paga, de modo que quien carezca de recursos no puede estudiar allí. Esto parecería contradecir el espíritu marista. ¿Cómo enfrentó este dilema cuando dirigió esos colegios?

—Habían becas, yo mismo aprobé mucha de ellas.— HERNÁN CASARES CÁMARA

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