“Soñarán en el jardín” es una caja de sorpresas. De 12 sorpresas para ser exactos. Los cuentos del libro de Gabriela Damián Miravete (Alfaguara, 2025) deparan al lector asombros continuos: tramas inusuales, estructura narrativa cambiante, finales insospechados. Y como elemento común a todos ellos, la capacidad de abrazar el corazón.
Porque ya sea que los muertos vuelvan a la vida, que el mundo se esté acabando, diluvie a consecuencia del cambio climático, se viaje en el tiempo para “curar el alma” de un suceso traumático o se visite un parque de hologramas de mujeres muertas por feminicidio, los relatos son una exploración de sentimientos de los protagonistas.
“Me gusta inventarme una metodología propia con cada historia que escribo, por eso me gusta mucho el género del cuento. Lo prefiero al de la novela porque me permite hacer pequeños experimentos y saltar de uno a otro con mucha alegría y autodescubrimiento”, confiesa al Diario la escritora, que tiene planes de presentar el libro en la edición 2026 de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).
Cada persona, defiende, tiene “una potencia única de contar historias a su manera, cada quien es irrepetible, y entre más seamos nosotras mismas a la hora de escribir, más fácil puede ser contar historias sin sentir que alguien las contó antes”.
La obra de Gabriela Damián se inscribe en la llamada ficción especulativa, la que imagina mundos diferentes al nuestro como en la ciencia ficción. Pero a diferencia de autores de tramas épicas que describen acciones pomposas de figuras heroicas, la autora capitalina pone el foco en la actividad interna, la reflexión, las emociones de sus personajes.
“Me gusta mucho el gran escenario de las historias con las que crecí: el fin del mundo, el espacio exterior, el interior de la Tierra, el futuro… Cuando me enfrentaba a esas premisas tan interesantes de la ciencia ficción, desde muy chica me preguntaba: ‘¿Qué haría yo? ¿Cómo sería que el mundo se acabara y no pudiera llegar adonde está mi gato?’”, explica.
“No es que todas las historias en el libro sean autobiográficas, pero sí son experiencias mías cifradas en estos escenarios especulativos. Es un ejercicio de empatía que me lleva a conocer otras formas de reaccionar. Los personajes tienen su propia vida, esencia, crecimiento, y tratar de imaginar qué harían con las trayectorias de vida que les han hecho ser quienes son me ayuda a entender el alma humana de una manera que no podría conocer si no es a través de la escritura”.
Por esa forma particular de imaginar el mundo a la escritora le llegaron a decir que no escribía ciencia ficción; para rebatirlo ella remite a los ejemplos de Theodore Sturgeon y Ursula Le Guin. Sturgeon es el autor de las novelas “Más que humano” y “Los cristales soñadores”, que tratan “asuntos profundamente humanos, dolorosos incluso, y aunque había un escenario donde se nos explicaba con mucha imaginación qué pasaba, para Sturgeon no era más interesante la explicación científica que cómo reaccionaban; yo pensé que así era toda la ciencia ficción, porque fue lo primero que leí”.
“Hay una parte de la ciencia ficción más convencional, la de mediados del siglo XX, que en Latinoamérica cerraba oportunidades a narrar otras subjetividades, como las femeninas, que no tenían ese formalismo convencional venido de las ciencias exactas”, añade.
“Me gusta mucho ‘La guerra de las galaxias’; el relato de la Fuerza, la Alianza Rebelde permea mucho en mi obra aunque está escrito a mi manera. Y cuando me dicen que les alegra que mi obra no se parezca a ‘Star Wars’ me desilusiona un poco porque para mí ‘Star Wars’ tiene que ver con la lucha en torno a la tiranía y un sentido espiritual de la existencia, no tanto con las naves y las batallas”, señala.
Para la escritura de los cuentos Gabriela Damián dedica mucho tiempo a la investigación, a fin de construir “muchos universos muy complejos conviviendo entre sí”. “Lo que me interesa son muchas individualidades, temporalidades y espacios distintos; observar la trayectoria de la vida humana y su relación con lo no humano y el tiempo”.
Su prosa también varía, como resultado de su intención de crear efectos determinados a partir de la elección del lenguaje y la estructura narrativa. “Son juguetes para mí misma y también para las personas que me leen”, asegura.
“En tiempos de inteligencia artificial, valoro el proceso en el que empiezo siendo una persona que piensa que puede contar una historia de una manera y acaba siendo otra persona contando esa historia de una manera que jamás imaginó. Ese cambio en la persona es difícil de conseguir cuando ChatGPT lo hace. Lo que me interesa es que el proceso y la manera de contar me cambien también como persona, como escritora”.
En su deseo de observar “aquellas cosas que han sido relegadas por una mirada más recurrente”, Gabriela Damián coloca en primer plano de sus relatos a las mujeres, algunas de ellas indígenas. “La voluntad de dialogar, de escuchar respetuosamente es algo que he tratado de incorporar a mi ficción con una buena dosis de imaginación. Muchas veces, la observación de la realidad se centra en el hecho violento y el dolor y no vemos el después, cómo las mujeres se reconstruyen, cómo ayudan a otras a reconstruirse, cómo de la tierra arrasada por el fuego hay mucha fertilidad después”, admite.
Los 12 cuentos de “Soñarán en el jardín” se escribieron en un período de 11 años: de 2009 a 2020. Su autora reconoce que ha cambiado su forma de escribir en ese tiempo. “Podía escribir con menos páginas, eso lo envidio mucho de mi yo pasada. Y también hace mucho que no escribo horror, cada vez me gusta más como un lugar en el que estar como lectora y menos como autora”.
“Hay una trayectoria en el libro que quizá es mi trayectoria personal y como autora: comienza con un relato de horror que habla del abuso intrafamiliar y termina en la utopía colectiva”.— Valentina Boeta Madera
