En “La visible oscuridad”, Norma Lazo lleva al lector a un viaje a la década de 1940 en la capital del país
En “La visible oscuridad”, Norma Lazo lleva al lector a un viaje a la década de 1940 en la capital del país

Cuando era niña, a Norma Lazo su abuela la llevaba al cine a ver “lo que había”, fuera o no apto para su edad según los criterios actuales. Fue en esa época que ella y sus hermanos —“una marimba desde los 12 a los 6 años”, según los describe— vieron “El inquilino” de Roman Polanski, que los dejó “traumados, sin poder dormir solos”, y “El bueno, el malo y el feo”, de Sergio Leone con Clint Eastwood.

Así que “sí tengo esa cosa cinematográfica desde muy niña”, admite la escritora.

No es extraño entonces que su más reciente novela, “La visible oscuridad” (Lumen, 2025), se lea como si se viera una película: predominio de la descripción de hechos más que de emociones; narración con oraciones cortas, lo que por momentos hace pensar en un guion de cine; transición repentina de escenas y personajes, a la manera de veloces cortes de edición.

“Aprendí a leer al mismo tiempo que aprendí a ver cine, al mismo tiempo que aprendí a leer cómic, al mismo tiempo que me empezó a interesar la fotografía. Los que somos de esta generación (los nacidos en la década de 1960) y que estamos muy imbuidos de lo visual tenemos este acercamiento casi cinematográfico en lo literario. Para mí es imposible hacerlo de otra manera”, explica al Diario.

Y si se continuara la analogía con la gran pantalla, “La visible oscuridad” sería cine negro. Situada en la década de 1940, cuando México también tenía que adaptarse a la realidad de la guerra en Europa, la novela sigue a agentes del Servicio Secreto Mexicano en la investigación de homicidios en serie de mujeres, de los que podría haber más de un responsable, y a periodistas de la nota roja del diario “El Mundo” que insisten en reportar lo que la autoridad preferiría que no se dijera.

Entre los personajes sobresale Ana Terán, una de las dos únicas mujeres agentes del Servicio Secreto —la otra es Leticia Ordóñez—, quien sortea los peligros de buscar asesinos al mismo tiempo que intenta hacerse un lugar en una profesión mayoritariamente masculina y satisfacer las expectativas sociales de su familia, que ignora a qué se dedica en verdad.

Aunque la historia es una ficción, cuatro personajes están inspirados en personas reales. Ana Terán remite a Ana María Dorantes, agente del Servicio Secreto que participó en la detención en 1942 de Gregorio Cárdenas, mejor conocido como “El estrangulador de Tacuba”, a quien se considera el primer asesino serial mexicano.

“Me llamó la atención que hubiera una mujer en el Servicio Secreto Mexicano, que estuviera involucrada en el caso de un feminicida en una época en que eso ni siquiera tenía un término y las mujeres solamente podrían ser mamás, monjas o bomberas”, recuerda Lazo.

“También me llamó la atención que nadie hubiera reparado en ella, incluso yo misma, porque leí las notas en los periódicos de 1942 y las leí con toda naturalidad. Hasta una segunda o tercera lectura fue que caí en cuenta de lo raro que hubiera una mujer en aquella época dedicándose a esto”.

Gregorio Cárdenas inspira al personaje de Oliverio Ortega; Enrique Metinides, fotógrafo de nota roja, al Pollo Artigas, y Alfonso Quiroz Cuarón, primer criminólogo mexicano, al doctor Lázaro Quezada del Olmo.

Lazo confiesa que no pretendió escribir una novela negra para acomodar a la fuerza a una detective mujer: “Fue encontrarme con ella y con esa posibilidad que se dio”. Sin embargo, no desdeña que sea “una prueba más de que estamos descubriendo cuántas mujeres han sido invisibilizadas en distintos campos laborales, profesionales, intelectuales”.

Al igual que en los demás personajes, la manera de pensar y sentir de Ana Terán se revela a través de sus acciones, más que de la enunciación de sus ideas y emociones. “En el caso del Pollo Artigas, sabemos el tipo de joven que es a través de lo que lee; en Ana, que nunca hable de emociones y sentimientos nos dice mucho de una mujer reprimida por temor de caer en el patrón de su madre o su hermana. En el caso del general Taboada (el director del Servicio Secreto Mexicano), vemos quién es en la manera en que trata a los agentes, en el decorado de su despacho con fotografías de héroes revolucionarios”.

Norma Lazo, autora también de las novelas “La banalidad de los hombres crueles”, “Lo imperdonable”, “El dilema de Houdini” y “El dolor es un triángulo equilátero”, reconoce que “ahorita tengo una especie de delirio que no paro de estar escribiendo en mi cabeza”.

“Me llena de energía y emoción estar siempre inmersa en un nuevo proyecto, ya sea una novela, un ensayo, un libro de cuentos; siempre estoy a punto de empezar algo”, indica.

Su manera de abordar la novela y el cuento es diferente, pues aquélla “es algo que se tiene que dar por sí sola”. Cita a Stephen King al decir que la trama de una novela es como respirar y que estructurar la trama sería como usar respiración artificial. “La novela tiene que fluir hacia donde vaya, mientras que en el cuento sí me planto un principio y un final, tiene que estar muy contenido para que tenga cierto impacto”, apunta.

Esa libertad la respetó al escribir “La visible oscuridad”: “Me iba dejando llevar por los personajes, su tridimensionalidad, cómo hacerlos de carne y hueso”.

En marzo del próximo año Lazo viajará a Mérida para presentar la novela en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey). Y lo hará con la promesa de “ponerme al día de mis contemporáneos yucatecos y yucatecas”.— Valentina Boeta Madera

De un vistazo

Reconocimientos

Norma Lazo es ganadora del Premio Nacional de Literatura “José Fuentes Mares” 2007; del segundo lugar en la edición 2011 y del premio único en la de 2016 del Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario, y mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento “Beatriz Espejo” 2010.

Respiro económico

“Los premios son una forma de seguir avanzando en mi carrera, permitirme un cierto respiro económico para introducirme a otro proyecto largo sin estarme mordiendo las uñas de qué voy a hacer. También, por supuesto, hay una relevancia porque generalmente los jurados son otros escritores y es un honor saber que consideran mi trabajo digno de un distintivo”, dice.

En televisión

También desarrolla proyectos como guionista. Con la artista visual Lorena Wolffer colaboró en “La caja negra” en Once TV y en “Las siete virtudes contemporáneas” y “Facultad de diálogo” en TV UNAM.

País de lectores

“Es una mentira que la gente no lee”, subraya. “Con los clubes de lectura se ha visibilizado más y se ha dado un incentivo mayor. La lectura, más allá de ser esta actividad solitaria, es una forma de hacer comunidad. Y en México sí se lee”.