“Misericordia, Señor, hemos pecado” (Salmo 50)
A todos los sacerdotes, diáconos, miembros de la Vida Consagrada, y a todo el pueblo de Dios.
Muy queridos hermanos y hermanas, ha llegado el santo tiempo de la Cuaresma, ese camino de cuarenta días hacia la Pascua de nuestro Señor Jesucristo, la gran fiesta de todos los cristianos, en la que encontramos el centro y motivo de la fe en nuestro Salvador, Hijo único de Dios Padre y ungido por el Santo Espíritu.
El carnaval que se celebra en Yucatán, al igual que en otras ciudades de América Latina, consiste en los días que los primeros evangelizadores trajeron a nuestras tierras, enseñando que al día siguiente, Miércoles de Ceniza, se iniciaba una etapa de 40 días en los cuales no podría celebrarse ninguna clase de fiesta, pues se debía abundar en ayunos, sacrificios y limosnas como signo y ayuda para la conversión de los corazones, en preparación para el bautismo o la renovación bautismal en la Pascua. Entonces todo el pueblo entraba en esa dinámica de austeridad, pues todos eran plenamente católicos y vivían la fe con sus consecuencias y compromisos.
Hoy en día continúa la celebración del carnaval, pero en proporción, lamentablemente son pocos los que entran en ese camino de preparación para la Pascua, con ayunos, crecimiento en la oración, cercanía con la Palabra de Dios, con una confesión extraordinaria y manifestaciones de caridad para con los necesitados.
Las celebraciones de la Pascua en cada una de las parroquias y rectorías de nuestra Arquidiócesis son muy hermosas y festivas, que se deben realizar tantas veces fuera de los templos por la gran afluencia de fieles, quienes gozan de una auténtica y profunda alegría cristiana. Aunque por supuesto, a tanta gente esta celebración le pasa desapercibida.
Igualmente, durante nuestra Cuaresma católica, miles de jóvenes y de familias enteras, dedican varios días para realizar misiones a lo largo y ancho de nuestro territorio diocesano, que abarca todo el estado de Yucatán, algunos incluso misionando en otros lugares. Lo mismo hacen nuestros seminaristas, como parte integral de su formación al sacerdocio.
Ya van varios años en que recibimos a grupos de jóvenes católicos norteamericanos que viven entre nosotros durante su tiempo de misión. Todo esto es motivo de mucho gozo y gratitud con nuestro Señor, ya que se fortalece la fe de los que reciben a los misioneros, pero también la fe de los misioneros es fortalecida, pues la fe que se comparte con los demás se agiganta. Dios bendiga a todos los misioneros.
El Miércoles de Ceniza marca el inicio de nuestro camino cuaresmal.
Arzobispo de Yucatán.
