A la izquierda, una mala budista y un rosario utilizados por el novelista Jack Kerouac durante su meditación budista; debajo, una imagen de 1960 sin autor del novelista
A la izquierda, una mala budista y un rosario utilizados por el novelista Jack Kerouac durante su meditación budista; debajo, una imagen de 1960 sin autor del novelista

NUEVA YORK (EFE).—Más de medio siglo después de su muerte, la figura del escritor estadounidense Jack Kerouac vuelve a cobrar relevancia con la exposición “Running Through Heaven: Visions of Jack Kerouac”, inaugurada esta semana en el famosos Grolier Club de Nueva York.

La muestra reúne objetos personales, cartas inéditas y dibujos del autor de “On the Road” (1957), con el objetivo de ofrecer una mirada más íntima del escritor y del contexto que rodeó su obra.

Curada por Jacob Loewentheil, la exposición propone una exploración que contrapone el mito público del llamado “rey de la Generación Beat” con el lado más humano y vulnerable del escritor. “Quería dar una especie de sección transversal de las diferentes épocas de su vida y las diferentes personas con las que se comunicaba y de qué les hablaba”, explicó Loewentheil al referirse al enfoque de la exhibición.

Entre las piezas destacadas figura un autorretrato a lápiz que Kerouac realizó en 1956 sobre el reverso de un anuncio de teatro mexicano y que posteriormente regaló a su entonces novia, Helen Weaver.

“Hizo este autorretrato justo antes de que On the Road realmente despegara y se convirtiera en un libro serio. Lo muestra en un momento un poco más tentativo de su vida”, señalóel curador.

Las vitrinas también contienen correspondencia escrita en máquina que revela momentos clave de la vida del escritor, desde su llegada a Nueva York hasta sus intercambios con el poeta Allen Ginsberg sobre espiritualidad. El curador explicó que Kerouac estaba convencido de su destino literario y era consciente de que su correspondencia sería estudiada en el futuro.

“Creía firmemente que iba a ser un gran escritor y siempre supo que la historia revisaría sus cartas y diarios”, comentó.

Filosofía y espiritualidad

La exposición también aborda la dimensión espiritual del autor, quien a mediados de la década de 1950 exploró el budismo sin abandonar el catolicismo de su infancia. “Sus cartas a Allen Ginsberg sobre la espiritualidad muestran esta lucha interna”, indicó el curador Loewentheil.

Entre los objetos exhibidos destacan rosarios, una cruz y un mala budista, además de artículos personales como un cenicero con cenizas del propio Kerouac y una pequeña fotografía de su hermano Gerard, que llevó consigo durante toda su vida.

La exhibición permanecerá abierta durante las próximas semanas en el Grolier Club, ofreciendo a lectores, investigadores y admiradores de la Generación Beat la oportunidad de acercarse a la dimensión más personal y espiritual de Kerouac.

“Las novelas de Kerouac hicieron casi más que cualquier otra cosa para difundir el budismo y una experiencia más común con él en todo el país y, de hecho, eventualmente en el mundo (…) sería interesante imaginar la respuesta de Kerouac al ver tres estudios de yoga en cada bloque de Nueva York”, apunta Loewentheil.

De un vistazo

Archivo personal

Entre los materiales expuestos se incluyen correspondencia mecanografiada, fotografías y objetos íntimos que permiten conocer momentos clave de la vida y relaciones personales del escritor.

Exploración espiritual

La exposición también revela el interés de Kerouac por el budismo y su intento de conciliarlo con el catolicismo de su infancia, presente en cartas y objetos religiosos.

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