La narradora Andrea Herrera, la directora Laura Reyes y el tubista José Carlos Rodríguez protagonizan el programa de esta semana de la OSY
La narradora Andrea Herrera, la directora Laura Reyes y el tubista José Carlos Rodríguez protagonizan el programa de esta semana de la OSY

En esta cotidianeidad apresurada, hay momentos que invitan a bajar el ritmo; no solo oír, sino a escuchar.

El octavo programa de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán nace de esa intención, abriendo un espacio donde la música se convierta en refugio y las familias encuentren una experiencia capaz de tocar fibras profundas, al tiempo que despierta la curiosidad de los más pequeños.

Comprometida con la formación de nuevos públicos, la OSY presenta este viernes 24 y domingo 26 el concierto didáctico “Tubby la Tuba”, de George Kleinsinger. Una historia musical que cobra vida con la narración de Andrea Herrera, la participación como solista del tubista José Carlos Rodríguez, integrante de la propia orquesta, y la batuta de la directora huésped, Laura Reyes.

Juntos hilarán un espectáculo que no se limita a escucharse, sino que se mira y se imagina.

La columna vertebral del programa es precisamente “Tubby la Tuba”, obra que reivindica la voz de un instrumento que pocas veces ocupa el centro del escenario. Para José Carlos Rodríguez, este momento no es solo profesional, sino personal.

Su historia con la tuba comenzó casi por azar, cuando de niño, entre decenas de compañeros, fue asignado al instrumento por ser el más alto. “Confié en mis maestros”, recuerda. Y esa confianza, sostenida durante años, hoy lo coloca frente al público como solista en la orquesta que considera su lugar seguro.

Pero hay algo más. La obra que interpretará está ligada a un recuerdo íntimo, pues era la música con la que dormía a su hija cuando era pequeña. “Tocarla ahora tiene una carga emocional muy fuerte… es también tocarle a ella”, comparte. En ese gesto, la tuba deja de ser solo un instrumento grave y poderoso para convertirse en un puente afectivo, en una voz que abraza desde el escenario.

Esa cercanía también se construye desde el entorno. Rodríguez no toca solo, está rodeado de compañeros con quienes ha compartido más de una década de música. “Es mi casa”, dice al referirse a la orquesta.

Su invitación a los padres es sencilla, traer a los niños y darles una opción más, como ofrecerles un nuevo sabor, una posibilidad distinta de descubrir qué les emociona.

Invitada especial

La historia de “Tubby la Tuba” se expande gracias a la voz y la imaginación de Andrea Herrera, figura del teatro para niñas y niños en Yucatán. Acostumbrada a los escenarios, a los títeres y a construir mundos desde la palabra, Andrea reconoce que este proyecto la llevó a un territorio inesperado. “Es un sueño que no estaba persiguiendo, pero me hace muy feliz”, confiesa.

Trabajar con una orquesta sinfónica implicó un reto distinto: aprender a escuchar de otra manera, seguir los tiempos desde la música y no desde el texto, coordinar la narración con decenas de instrumentos en movimiento.

A ese desafío sumó una idea que terminó por darle un sello único al espectáculo, integrar títeres diseñados especialmente para la obra, cada uno con personalidad propia. “La tuba es coqueta, el director es serio… ya lo verán”, comparte, agradeciendo también al maestro Ángel Aguilar, quien asumió el reto de darles vida con mucha dedicación.

Durante los ensayos, hubo un instante que la marcó, la marioneta-director levantó las manos al mismo tiempo que Laura Reyes marcaba el compás. Dos mundos sincronizados en un solo gesto. “Se veía hermoso… me emocioné muchísimo”, recuerda Andrea, quien afirma que este proyecto la regresó a un lugar de humildad y descubrimiento. “Quiero que la gente vea esta faceta nueva, que conecte desde el corazón”, dice.

Ese corazón es también el eje del mensaje que busca compartir, la importancia de encontrar la propia voz. No imitar, no repetir, sino mirar hacia adentro y descubrir qué se quiere ser.

Desde el podio, la directora Laura Reyes construye ese universo con precisión y sensibilidad. Su debut con la OSY ha sido, según sus palabras, un encuentro profundamente humano. “Me siento muy arropada”, comparte. Y ese vínculo se refleja en la manera en que aborda el programa, “como un recorrido de historias que se entrelazan”, dice.

La velada abre con la “Danza macabra” de Camille Saint-Saëns, una pieza que, lejos de lo convencional para un concierto familiar, se presenta como un relato sonoro lleno de imágenes. Las doce campanadas del arpa anuncian la medianoche; el violín, con su inquietante tritono, encarna al diablo, y poco a poco las calaveras parecen levantarse para danzar. “Es una historia sin palabras, pero muy clara si te dejas llevar”, explica Reyes.

De recuerdos

Después de “Tubby la Tuba”, el ambiente se transforma con “Más allá del arcoíris”, de Harold Arlen, una melodía que abraza con su familiaridad y conecta especialmente con el público adulto, evocando recuerdos y emociones compartidas.

Finalmente, el programa cierra con la Sinfonía número 4 “Italiana”, de Felix Mendelssohn, una obra luminosa que la directora describe como un viaje: “Es como ver postales de Italia, con el cielo azul, las fuentes, el movimiento… todo lleno de energía y alegría”.

Más allá de las obras, Laura Reyes insiste en el valor de la experiencia en vivo. En un entorno saturado de ruido cotidiano, la orquesta ofrece un espacio distinto: un lugar donde el silencio se vuelve lienzo y cada espectador puede construir su propia historia. “Es como crear tu propia película, pero desde la música”, dice.

Así, el concierto se presenta como un punto de encuentro entre generaciones, disciplinas y formas de sentir. La OSY abre sus puertas con una propuesta que no exige experiencia previa, solo disposición para dejarse sorprender, reír e imaginar.

Quizá, entre una nota grave de tuba, el gesto preciso de una batuta y la aparición inesperada de un títere, algo suceda. Y en ese instante, la música habrá cumplido su cometido, quedarse un poco más allá del concierto, habitando la memoria.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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