El actor yucateco Manuel Zopiyaxtle construye su camino en Nueva York con una mezcla de disciplina, adaptación y convicción.
Desde muy joven supo que quería dedicarse a la actuación. A los 17 años ese deseo se materializó al tomar la decisión de salir de Mérida para formarse en el extranjero. Estudió actuación para cine en la New York Film Academy, donde encontró un espacio que le permitió desarrollarse tanto en teatro como en cine, dos áreas que le apasionan.
En entrevista con Diario de Yucatán, cuenta que elegir Nueva York no fue una casualidad, ya que desde niño tenía la inquietud de vivir en otro país y conocer nuevas culturas, pero también le atraía la energía de una ciudad que, dice, “siempre había visto en las películas”.
A eso se sumó la posibilidad de formarse en una escuela que no solo se enfocaba en la actuación, sino también en áreas como la cinematografía y la dirección. “Sentía que algo me llamaba para esa escuela”.
Sin embargo, admite que el inicio no fue sencillo. Llegar solo a otro país implicó enfrentarse a una realidad distinta, tanto en lo cotidiano como en lo emocional. Manuel reconoce que la distancia de su familia y el ritmo de la ciudad lo llevaron a atravesar momentos en los que pensó en regresar. A eso se sumó el choque cultural.
A Nueva York la describe como una ciudad “muy enérgica” y “completamente loca”, donde cada persona es apenas “un grano de arena” entre miles.
Las relaciones humanas le resultaron distintas a lo que estaba acostumbrado en Mérida. “La gente siempre está buscando qué puede ganar de ti”, explica, al referirse a un entorno que percibe más profesional y, en ocasiones, superficial.
Frente a eso, optó por cambiar su manera de enfrentarse a las situaciones. “No lo voy a poder cambiar el hecho, pero sí puedo cambiar mi actitud”, dice.
En ese proceso, su identidad como mexicano y yucateco fue un punto clave. Desde su experiencia, ser latino en Estados Unidos implica navegar entre distintas realidades. Aun así, destaca que hay un elemento que termina por unirlos. “Lo que más ha prevalecido es la solidaridad de los latinos aquí”, afirma.
Esa red de apoyo se refleja en proyectos colaborativos, festivales y producciones tanto en inglés como en español.
Sobre el panorama actual, considera que hay una mayor apertura hacia el arte latino. Indica que existe una “ola grande” de interés por estas propuestas, tanto en teatro como en cine, lo que ha permitido que más historias y voces encuentren espacio. Esto, asegura, le abre oportunidades para representar sus raíces en los proyectos en los que participa.
En cuanto a su interés actoral, se inclina especialmente por la comedia. Explica que es un género complejo porque requiere construirse desde la seriedad para lograr el efecto en el público. “La comedia es un arte muy difícil”, dice.
También le interesa el drama, aunque Manuel reconoce que abordarlo exige un cuidado especial para no perder la línea entre el personaje y la vida personal.
Su formación y trayectoria incluyen tanto teatro como cine. Desde niño estuvo en contacto con las artes, impulsado por su entorno familiar, y encontró en el escenario su lugar desde las primeras actuaciones escolares. Más adelante se formó con el maestro José Balmaceda, quien le enseñó las bases de creación de personaje, trabajo corporal y voz.
En Nueva York ha participado en proyectos que le han permitido explorar distintos registros. Ha trabajado en cortometrajes, series y montajes teatrales, además de desarrollar sus propios proyectos. Uno de ellos es el cortometraje “Gothic Girls Are Right”, que escribió, dirigió y protagonizó, y se le seleccionó para proyectarse en festivales internacionales.
Asimismo ha formado parte de producciones como “The Mime” y “For Lila”, esta última reconocida en varios festivales por su trabajo en conjunto.
En teatro, ha intervenido en montajes en teatros de Off-Broadway y Off-Off Broadway, donde ha explorado tanto la comedia como el trabajo de voz. Esta versatilidad se refleja en proyectos audiovisuales recientes, como la serie “The Missing Kitchen King” y el largometraje “Filthy Dogs”, actualmente en circuito de festivales.
De forma paralela, continúa desarrollando nuevos proyectos. Adelanta que prepara un cortometraje romántico en español junto a la actriz Tatiana Mirabent, además de mantenerse activo en audiciones y lecturas de guion.
Trabaja en la distribución de proyectos que ya ha realizado, algunos de ellos en festivales, donde incluso ha obtenido reconocimientos como mejor actor en distintas selecciones.
Aunque ha considerado la posibilidad de trasladarse a otras ciudades como Los Ángeles, por ahora mantiene su enfoque en Nueva York, donde percibe un crecimiento importante en la industria audiovisual.
Al hablar de sus metas, señala que le interesa seguir descubriendo géneros, aunque confiesa una inclinación especial por la ciencia ficción. Menciona como referencia la película “Interestelar” que refleja el tipo de historias que combinan lo espectacular con lo emocional, particularmente abordando temas como el espacio y el amor.
A los jóvenes que como él, cada día persiguen sus sueños, les dice: “Siempre todo se puede si uno está completamente comprometido”. Reconoce que el camino no es sencillo, pero la paciencia y la acción, dice, son herramientas para avanzar. Toma como ejemplo una idea de su exinstructor José Balmaceda: “Yo no me preocupo, yo me ocupo”.
A la distancia, mantiene presente a su familia en Mérida, a la que considera su principal motor. También subraya el orgullo de representar a Yucatán y a México en cada uno de sus pasos dentro de la industria.— Karla Cecilia Acosta Castillo
