A 70 años de su inauguración, el Monumento a la Patria es un termómetro social de la ciudad y de Yucatán. Su hemiciclo y sus escalinatas han sido escenario de eventos culturales y artísticos, así como de expresiones políticas y protestas sociales.
Los yucatecos, en particular los meridanos, se han apropiado de este espacio.
Desde 1956 hasta la década de 1990 predominó su uso como referente urbano y punto de reunión, con actos patrióticos informales, concentraciones en fechas como el 16 de septiembre y sucesos deportivos o políticos. No era un sitio frecuente de protesta, sino un símbolo de identidad nacional.
En el año 2000 comenzaron las apropiaciones sociales de marchas, protestas y concentraciones civiles. En años recientes ha sido epicentro del movimiento feminista.
Al respecto, la cronista de la ciudad Ileana Beatriz Lara Navarrete señala que las manifestaciones del Día de la Mujer dejaron una huella costosa y polémica en el Monumento. “Muchos cuestionan que se escriba ahí sobre el tema y condenan estos actos en un sitio que representa a la patria. El simbolismo es claro: la patria ha fallado”, apunta.
Añade que, como urbanista, arquitecta y meridana, le agravia más la pérdida de más de diez mujeres al día: “Eso nos debe indignar, cuestionar y mover a actuar”.
Considera que, tras años de lucha sin respuestas, se ha llegado a un punto límite: “El Monumento tardó 70 años en tener su primera mancha; hay niñas menores de siete años que ya las tuvieron y esas no se pueden borrar”.
Para Lara Navarrete, la injusticia, el descontento y la desatención social se reflejan en las manifestaciones en el espacio público. Sostiene que, para preservar estos lugares, es necesario atender el fondo del problema: “Más que vandalismo, son actos desesperados que requieren entendimiento, atención y justicia”.
Limpiar el símbolo patrio debe ir acompañado de un esfuerzo social por sanar y evitar el dolor que lo marcó: “Veamos el problema de fondo; todos somos corresponsables”. Advierte que la conservación del patrimonio se enfrenta a retos como la difusión de sus valores, los recursos para su cuidado y la construcción de una sociedad más justa y equitativa.
El Monumento a la Patria continúa siendo un espacio para concentraciones ciudadanas y eventos culturales, un foro abierto de expresión pública. Este ícono de la ciudad, donde la historia de México está tallada en piedra, dialoga con las luchas del presente y atestigua los cambios que definen a la capital yucateca.— Iris Ceballos Alvarado
