La noche del sábado, el auditorio Coca-Cola La Isla se convirtió en un refugio de música, baile y emociones compartidas con el regreso de Caloncho a Mérida, ciudad a la que volvió tras año y medio de ausencia como parte de su gira “El tiempo es mi casa”.
Durante más de dos horas, el sonorense hizo vibrar a cientos de meridanos que, desde temprano, llegaron dispuestos a entregarse a una velada de pop tropical, folk e indie, donde el amor, la nostalgia, la naturaleza y la celebración de la vida parecieron entrelazarse canción tras canción.
Caloncho y sus músicos aparecieron en escena con camisetas de inspiración mundialista de la Selección Mexicana, un guiño futbolero que no pasó inadvertido entre los asistentes.
El cantante, fiel a su estilo relajado, complementó el atuendo con bermudas blancas y una imagen cómoda, minimalista y desenfadada, acorde con la naturalidad que suele imprimir tanto a su música como a su presencia escénica.
Desde su entrada al escenario, el cantante y compositor fue recibido con aplausos y gritos de emoción, el correspondió con la serenidad que lo caracteriza, dejando claro desde el inicio que la noche sería una conversación musical cercana con su público, ese que como lo dijo al micrófono, en Yucatán parece abrazarlo siempre con especial cariño.
El repertorio transitó entre los temas más recientes de “Vivo en el tiempo” y los himnos que ya forman parte del corazón de sus seguidores. Canciones como “Bloopers”, “Mangos” y “El día pone” fueron aprobadas por la audiencia, que las recibió con entusiasmo y sin titubeos, demostrando que las nuevas letras del cantante ya comienzan a encontrar eco entre sus fans.
Hubo un instante particularmente íntimo cuando el músico decidió sentarse a la orilla del proscenio para interpretar parte del repertorio en formato acústico.
El gesto, acercó todavía más la experiencia al público, que no dejó de corear peticiones mientras los gritos de emoción llenaban el recinto.
Uno de los momentos que mejor conectó con la noche llegó cuando Caloncho sorprendió con versiones de “Pero qué necesidad”, de Juan Gabriel, y “Tu cárcel”, de Marco Antonio Solís.
Lejos de sentirse ajenos al universo musical del cantante, ambos covers encontraron un lugar natural entre el repertorio y fueron entonados con brío por un público que respondió a todo pulmón.
Pero si algo terminó por elevar los ánimos fue la llegada de los clásicos. Bastaron las primeras notas de “Bolita de pan”, “Optimista”, “Palmar”, “Brillo mío”, “Wuacha Checa”, “Sensei” y “Luna completa” para que el auditorio se transformara en un coro multitudinario.
Entre luces suaves, teléfonos al aire y cuerpos brincando y elevando brazos al ritmo de la música, fueron varias las generaciones que compartieron el mismo pulso emocional.
Entre los asistentes podían verse personas de todas las edades, desde parejas jóvenes hasta familias enteras y numerosos niños que vivieron el concierto con entusiasmo contagioso.
Una de las escenas más enternecedoras de la noche la protagonizó una pequeña de ocho años, quien, decidida a hacerle llegar un dibujo con su nombre, buscó apoyo del equipo de seguridad para entregárselo al cantante, un gesto que pareció encajar con el ambiente cálido y cercano que suele acompañar al intérprete. El cierre llegó con una de las canciones más emotivas de su repertorio, “Somos instantes”, convertida ya en una especie de himno colectivo que unió voces, abrazos y miradas cómplices en el auditorio.
Sin prisas por abandonar el encuentro, Caloncho prolongó la conexión con sus seguidores al regalar mercancía, firmar autógrafos y tomarse selfies con quienes aguardaron hasta el final al pie del escenario. Un acto de sencillez que volvió a confirmar por qué, cada vez que pisa Yucatán, el cariño parece renovarse y darle motivos para regresar. Poco a poco el auditorio de La Isla, fue vaciándose en orden, tras una verdadera noche de emociones, baile y despreocupación, en espera del próximo paso del sonorense por la capital yucateca.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
