MADRID (EFE).— Siri Hustvedt, de visita en España para presentar su libro “Historias de fantasmas”, dedicado a su relación con Paul Auster, define como protofascista a la actual administración presidencial de Estados Unidos y advierte que “es un error pensar que el progreso es inevitable”.

“Lo primero que hace un gobierno fascista al tomar el poder es revertir los derechos de las mujeres y reforzar la idea del género binario, y lo hemos visto en Estados Unidos, donde lo primero que hizo el número 47 (en alusión a Trump, el presidente número 47) fue legislar sobre sexo y género”, señala.

La novelista, ensayista y poeta, autora de libros como “Todo cuanto amé” y “El verano sin hombres”, aclara que aún no se le puede llamar fascista a esa administración porque no ha consolidado el pleno poder y hay resistencias que invitan a mantener una esperanza.

Aclara que no usa la palabra fascismo como insulto, sino como fenómeno que puede surgir en sociedades posdemocráticas, como de hecho ocurre en otros países, y menciona a la India de Narendra Modi como el ejemplo más evidente, por la conexión del primer ministro con la organización paramilitar y nacionalista RSS.

“Ya no podemos llamar a MAGA un movimiento populista autoritario: el 6 de enero —en alusión a la toma del Capitolio en 2021— cruzaron la frontera hacia el fascismo, con el uso de la violencia”, apunta.

En ese sentido, recomienda la lectura de “Anatomía del fascismo” de Robert Paxton, que cambió el modo en el que Francia veía al régimen de Vichy.

“Historias de fantasmas” es un libro de memorias y de duelo escrito tras el fallecimiento de Auster en abril de 2024. Combina reflexiones personales y recuerdos de su relación con diverso material documental.

Se intercalan las cartas que ella le escribió al principio de su relación, las notas que él le dejó a ella, pero también las misivas con las que Huvstedt iba informando a su círculo más cercano sobre la evolución de la enfermedad de Auster y las que este escribió a su nieto Miles, de 2 años en ese momento.

Auster pensaba hacer un libro con estas últimas, según cuenta él mismo en la última que escribió, fechada el mismo mes de su muerte y en la que ya reconoce que no le va a dar tiempo y no cree llegar a ver el resultado de las “amenazantes” elecciones nacionales de ese otoño.

La escritora tenía 26 años y él 34 cuando se conocieron. Ambos eran entonces unos completos desconocidos. A pesar de ello, dice haberse encontrado con mucho sexismo y misoginia en los medios de comunicación, que a menudo la reducían a “esposa de” y constantemente subestimaban sus propios méritos intelectuales.

Especializada en filosofía, neurociencia y psicología, Hustvedt ha publicado ensayos y artículos en revistas académicas y científicas.

Asegura que era frecuente que Auster mencionara ideas suyas en entrevistas, citándola, y en cambio se las atribuían a él. “Todo eso convirtió a Paul en un feminista acérrimo; él lo veía”.

No obstante, con el tiempo la escritora aprendió a no tomárselo como algo personal —“la cultura tiende a querer reproducir sus jerarquías”— e incluso a reírse de ello: “Cuando te ríes de algo, ya llevas la delantera”.

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