Para las personas mayores, la temporada de lluvias puede representar un reto, debido a los riesgos de afectaciones físicas y de aislamiento
Para las personas mayores, la temporada de lluvias puede representar un reto, debido a los riesgos de afectaciones físicas y de aislamiento

En Yucatán vivimos una temporada de lluvias atípica, marcada por tormentas históricas e inundaciones en colonias de todas las zonas de Mérida, lo que deja casas húmedas, patios anegados y mucho bochorno.

Para las personas mayores esto puede representar algo más que incomodidad: un mayor riesgo de presentar enfermedades respiratorias, dolores de cuerpo persistentes, accidentes dentro del hogar e incluso aislamiento que también deteriora la salud.

La doctora Lucía Cordero Ruz explica que, en Yucatán, la humedad intensifica los malestares físicos, especialmente entre los sectores de población más vulnerables.

“Estamos acostumbrados a vivir con temperaturas por arriba de los 30 grados; cuando baja apenas unos grados o cambia el ambiente el cuerpo lo resiente”, señala.

De acuerdo con la especialista, la combinación de humedad y variaciones térmicas puede ocasionar molestias respiratorias, incremento de alergias y una mayor incomodidad física, especialmente en personas con antecedentes pulmonares o enfermedades articulares.

Niños y personas mayores suelen ser quienes tienen más susceptibilidad, pues su organismo responde con menor capacidad de adaptación a los cambios ambientales.

Señales de alerta por males respiratorios

Uno de los principales riesgos de la temporada de lluvias es asumir que el malestar forma parte natural del envejecimiento. La doctora Cordero Ruz señala que hay señales tempranas a las cuales las familias deben estar atentas para actuar antes de que una situación se complique. Entre ellas se encuentran fatiga inusual, tos persistente, congestión nasal, dificultad para respirar, somnolencia excesiva, escalofríos frecuentes y una sensación constante de frío, incluso dentro de casa.

También deben llamar su atención cambios conductuales aparentemente pequeños, aislamiento, menor interés por conversar, falta de apetito, tristeza, irritabilidad o temor a caminar dentro de casa por miedo a caídas.

“El adulto mayor muchas veces no dice directamente que se siente mal; empieza a moverse menos, evita salir o deja de hacer actividades cotidianas. Ahí es cuando la familia debe observar”.

La reducción de movilidad puede convertirse en un círculo complejo, pues mientras menos se mueve una persona mayor, más debilidad muscular presenta, lo que incrementa la probabilidad de caídas y dependencia.

Las infecciones respiratorias encabezan la lista de padecimientos que suelen aumentar en esta época. Resfriados, bronquitis, influenza y neumonías pueden agravarse con rapidez en personas de edad avanzada, especialmente si viven con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, asma y padecimientos cardíacos.

La humedad también favorece la proliferación de hongos, polvo y ácaros en casa, factores que pueden desencadenar alergias o empeorar enfermedades respiratorias preexistentes.

Otro riesgo importante lo representan las caídas. Con pisos húmedos, superficies resbalosas y menor estabilidad física, un accidente doméstico puede tener consecuencias severas. Una fractura de cadera o de muñeca puede marcar un antes y un después en la autonomía de una persona mayor.

A ello se suma un problema menos visible: el aislamiento. En los días lluviosos, muchas personas mayores permanecen más tiempo dentro de casa y reducen el contacto social, lo que puede influir en su estado emocional, aumentar sentimientos de soledad y contribuir al deterioro cognitivo, sobre todo en casos en que la persona o la pareja mayor vive sola.

Ante este panorama, especialistas aconsejan el fortalecimiento de medidas sencillas de prevención:

  • Mantener los espacios secos y bien iluminados, especialmente baños, pasillos y entradas, es una de las primeras recomendaciones.
  • El uso de tapetes antiderrapantes, barandales o apoyos puede reducir significativamente el riesgo.
  • También es importante evitar que la persona mayor permanezca con ropa o zapatos húmedos, procurar una temperatura estable dentro del hogar y favorecer la ventilación sin exponerla a corrientes frías.
  • La alimentación adecuada, la hidratación y el seguimiento puntual de medicamentos cobran aún mayor importancia durante esta temporada, al igual que evitar la automedicación ante síntomas respiratorios.

La doctora Cordero Ruz enfatiza la importancia de mantener la convivencia familiar, incluir a las personas mayores en salidas cortas mientras sea seguro, como el supermercado, el banco o la visita a otro familiar.

“A veces, el primer aviso no es una fiebre ni una caída, sino algo mucho menos notorio y hay que estar alertas”.