Una emotiva celebración eucarística se vivió anoche en la iglesia de Itzimná, donde decenas de personas se congregaron para honrar en su fiesta a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
La venerada imagen mariana fue recibida con una serenata a cargo de un mariachi, que armonizó la misa que se ofició después.
Antes del inicio de la celebración eucarística, el padre párroco Luis Cetina Góngora explicó que, por disposición del papa León XIV, la primera y segunda lecturas y el Evangelio estarían dedicados a Nuestra Señora de la Paz, un gesto de unión en oración por los pueblos que atraviesan conflictos, especialmente Venezuela.
En la homilía, el sacerdote recordó que la paz debe construirse todos los días mediante el amor, el servicio y la reconciliación con Dios y con los demás. Asimismo, exhortó a los devotos a no permitir que la espiritualidad vivida durante las festividades patronales se termine con el cierre del programa de celebraciones.
Añadió que la advocación de María como Reina de la Paz tiene sus orígenes en 1917, cuando el papa Benedicto XV la incorporó a la liturgia en medio de los estragos de la Primera Guerra Mundial, como un llamado permanente a orar por la paz en el mundo.
Añadió que la Virgen María manifiesta este papel en tres momentos fundamentales de la historia de la salvación: en la Encarnación, al aceptar llevar en su seno a Jesucristo, el Príncipe de la Paz; al permanecer al pie de la cruz durante la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, y en Pentecostés, cuando acompaña a la primera comunidad cristiana en la recepción del Espíritu Santo, fortaleciendo a los creyentes para convertirse en constructores de paz.
En las principales apariciones marianas, como las de Guadalupe, Fátima y Lourdes, la Virgen hace un llamado a la conversión, al rezo del rosario y la búsqueda del perdón de los pecados, actitudes que permiten alcanzar una verdadera paz espiritual y fortalecer la unidad entre las personas.
El padre Cetina Góngora aseguró que las novenas, misas y visitas de la imagen del Perpetuo Socorro a casas y centros pastorales dejaron frutos de alegría, esperanza y unión familiar, al ofrecer espacios de oración que ayudaron a muchas personas a encontrar tranquilidad en medio de sus dificultades.
Finalmente, invitó a los fieles a que la experiencia vivida en estos días no se quede únicamente en el ámbito religioso, sino que se refleje en la vida diaria mediante acciones concretas de reconciliación, solidaridad y servicio hacia los demás.— Megamedia






