Con profunda devoción y con la iglesia de San Cristóbal completamente llena, cientos de fieles participaron en la tradicional Misa de bendición a los grupos que se preparan para la peregrinación anual de la Arquidiócesis de Yucatan hacia la Basílica de Guadalupe, en Ciudad de México.
La Eucaristía fue presidida por el obispo auxiliar Mons. Mario Medina Balam, acompañado por el párroco del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de San Cristóbal, Pbro. Óscar Cetina Vega, y el coordinador de la peregrinación, Pbro. José Bernabé Coba Collí.
Familias enteras, grupos parroquiales y peregrinos llenaron el histórico templo también conocido como la Iglesia Parroquial de nuestra señora de Guadalupe, para encomendar el viaje que los llevará hasta el Tepeyac, donde cada año los yucatecos renuevan su amor y gratitud a la Virgen de Guadalupe.
Un viaje de reflexión
Durante su homilía, Mons. Mario Medina recordó que la peregrinación no debe entenderse como un paseo o una excursión, sino como un auténtico camino de fe y conversión. “Visitamos a nuestra Madre del cielo para agradecerle las gracias que nos obtiene de su Hijo Jesucristo, encomendar el caminar de nuestra Arquidiócesis y presentar también nuestras intenciones personales”, expresó.
El prelado destacó que, además de esas intenciones, existe un propósito que con frecuencia se olvida: dar testimonio de la fe en Cristo y en Santa María de Guadalupe a lo largo del camino.
“El viaje hacia la Basílica debe ser una verdadera peregrinación. Que vayan preparados espiritualmente, que regresen fortalecidos en su voluntad de vivir una conversión permanente y practicar con alegría la caridad cristiana”, exhortó.
Reflexionando sobre el Evangelio de San Mateo, el obispo explicó que Jesús invita a sus discípulos a amar a Dios por encima de cualquier otro afecto, sin disminuir el amor a la familia, sino colocando al Señor como el centro de la vida.
Asimismo, dirigió un mensaje a los padres de familia para que respeten y alienten la vocación de sus hijos cuando estos sean llamados al sacerdocio o a la vida consagrada, recordando que seguir a Cristo exige generosidad, entrega y disposición para cargar la propia cruz.
Mons. Medina también subrayó la importancia de acoger con caridad a los mensajeros de Dios y a toda persona necesitada, recordando que el Evangelio promete recompensa a quienes sirven al prójimo con amor.
Al término de la celebración se realizó la bendición especial para los peregrinos, en la que se pidió a Dios que los protegiera durante todo el recorrido, los acompañara en cada etapa del camino y les permitiera llegar con bien al Santuario Guadalupano, para después regresar fortalecidos en la fe a sus hogares. Antes de concluir la ceremonia, el padre José Bernabé Coba Collí agradeció la presencia del obispo Mario Medina Balam, así como la hospitalidad del padre Óscar Cetina Vega y la participación de todos los fieles, deseándoles un camino seguro y fructífero.
Así, la comunidad católica yucateca reafirmó una tradición de fe que, año con año, une a cientos de peregrinos que emprenden el camino hacia el Tepeyac, llevando consigo las oraciones, agradecimientos y esperanzas de toda la Arquidiócesis de Yucatán.— Darinka Ruiz
Bendición peregrina
Cientos de fieles recibieron una bendición especial antes de emprender el camino hacia la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México.
Un camino de fe
Monseñor Medina Balam recordó que la peregrinación representa un compromiso espiritual, invitando a vivir con alegría, esperanza, servicio y constante conversión.
El mensaje familiar
Se exhortó a las familias apoyar las vocaciones religiosas de sus hijos, respondiendo con generosidad, confianza y amor al llamado divino.
Una tradición guadalupana
Cada año los peregrinos renuevan su amor por la Virgen, llevando agradecimientos, peticiones y esperanza desde toda la Arquidiócesis de Yucatán hasta la Basílica de Guadalupe, en un viaje de reflexión





