• A la izquierda, una de las estancias rehabilitadas del castillo de Rambouillet y que ha recuperado la imagen que tenía cuando Valéry Giscard d’Estaing era el inquilino. Sobre estas líneas, el exterior del Chozo de Conchas
  • Fachada del castillo de Rambouillet, el único abierto al público en Francia que sobrevivió al Antiguo Régimen, al Imperio y a la República. Se trató originalmente de una fortaleza
  • Arriba, comedor de los presidentes. A la derecha, al fondo, la escultura Amalthea y la cabra de Júpiter, obra de 1787 de Pierre Julien, que forma parte de la decoración de la Lechería de la Reina, un espacio creado por Luis XVI para su esposa María Antonieta de Austria

PARÍS (EFE).— Una habitación con baño, otra para invitados, dos salas de estar y un vestíbulo: 250 metros cuadrados del Castillo de Rambouillet (en el suroeste de París) fueron reconstruidos tal y como hubieran podido encontrarse durante la presidencia de Valéry Giscard d’Estaing (1974-1981), uno de los muchos líderes que lo emplearon como residencia.

“Hemos podido reconstruir el mobiliario que había y, gracias a los recuerdos que nos ha transmitido la señora Giscard d’Estaing, también muchos detalles de su intimidad. ¿Qué leía el presidente? ¿Qué tomaba para desayunar? ¿Qué frascos de perfume utilizaban, por ejemplo? Y todo eso se ha instalado en las estancias”, explica Isabelle de Gourcuff, la administradora del histórico palacio.

“Nadie había podido entrar antes” a las salas, que se abrirán al público hoy miércoles y que, a través de la cotidianidad presidencial, repasan una parte de la historia francesa.

Contiguas a estas habitaciones se encuentran algunas de las dependencias empleadas por Napoleón Bonaparte durante su propia residencia en el palacio, como su dormitorio y baño, con las características decoraciones imperiales, todo ello separado únicamente por unos pocos tabiques.

“Rambouillet es el único ejemplo en Francia de una casa que ha conocido el Antiguo Régimen, es decir, a los reyes; que ha conocido al emperador Napoleón, y cuya su historia ha continuado durante la presidencia de la República. Así que no hay nada parecido y, en realidad, creo que no hay ningún otro sitio como este en Europa”, afirma De Gourcuff.

Con las obras de remozamiento, este palacio del siglo XIV ofrece ahora una doble mirada al pasado, tanto a través de las habitaciones de sus residentes como de sus muchas actividades diplomáticas, desde firmas de tratados y declaraciones hasta visitas de jefes de Estado, como el sudafricano Nelson Mandela en 1996.

Sus responsables definen al palacio como una de las plazas mayores de la diplomacia francesa desde la época del Segundo Imperio (1852-1870), con 130 encuentros diplomáticos de todo tipo.

De Gourcuff destaca entre todos ellos “la primera cumbre del G-6, que reunió, en torno a la iniciativa de Valéry Giscard d’Estaing, a la entonces Alemania Occidental, Reino Unido, Estados Unidos, Japón e Italia (además de Francia), y que se convirtió inmediatamente después en el G-7 tal y como lo conocemos” ahora, con la adhesión de Canadá.

Los muros del palacio han sido testigos de acontecimientos como la firma de los acuerdos franco-rusos de 1977, que formalizaron el proceso de distensión nuclear entre ambos países durante la Guerra Fría, y las negociaciones entre serbios e independentistas kosovares en 1999, tras los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia.

Asimismo, Rambouillet ha visto algunos de los eventos históricos más relevantes de la historia de Francia, como el fallecimiento del rey Francisco I, en 1547, y la abdicación del penúltimo rey, Carlos X, en 1830.

A las estancias del palacio hay que añadir otros dos lugares notables que se pueden visitar: la Lechería de la Reina, una dependencia construida específicamente para el consumo de lácteos por la reina consorte María Antonieta de Austria (1755-1793), y el Chozo de Conchas, una casa de campo decorada con miles de ejemplares exóticos de estos caparazones.

Como presidente, Valéry Giscard d’Estaing (1926-2020) es recordado, entre las múltiples cuestiones que marcaron su mandato, por su política exterior y la promoción de un espacio europeo compartido, lo cual daría pie a la existencia de la Unión Europea.

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