• Las hermanas Mary Ellen y Barb Somerville, de Canadá, fotografiadas con motivo del cumpleaños 77 de la primera, quien nació con trisomía 21
  • La británica Frances Gillett al cumplir 75 años, en 2016. Al nacer esperaban que viviera hasta los 20 años

Durante gran parte del siglo XX, pocas personas con síndrome de Down o trisomía 21 llegaban a la vejez. Las cardiopatías congénitas, las infecciones y la falta de tratamientos especializados reducían considerablemente su esperanza de vida.

Hoy el panorama es distinto: gracias a los avances médicos, la cirugía cardiovascular, el diagnóstico oportuno y una mayor inclusión social, cada vez más personas con síndrome de Down alcanzan los 50 y 60 años e incluso edades mayores.

Este cambio representa un logro, pero también plantea nuevos desafíos para las familias y los profesionales de la salud. La psiquiatra Anna Rodríguez Cabrera explica que el envejecimiento en las personas con trisomía 21 suele presentarse de forma más acelerada que en la población general, así que la vigilancia médica y el acompañamiento deben comenzar antes de que aparezcan los primeros signos de deterioro.

Añade que llegar a la tercera edad con síndrome de Down requiere una atención integral, preventiva y personalizada. Entre las principales recomendaciones se encuentran realizar controles médicos periódicos para detectar alteraciones de la tiroides, problemas visuales y auditivos, apnea del sueño, obesidad y enfermedades cardiovasculares. También es fundamental mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física constante y promover actividades que estimulen la memoria, el aprendizaje y la convivencia social.

La salud mental merece especial atención. De acuerdo con la doctora Rodríguez Cabrera, los síntomas de depresión, ansiedad y otros cambios importantes en la conducta pueden confundirse con las señales de envejecimiento, cuando en realidad requieren una valoración especializada.

Uno de los mayores retos lo representa la elevada probabilidad de desarrollar enfermedad de Alzheimer a edades más tempranas. Esto ocurre porque el cromosoma 21 contiene el gen encargado de producir la proteína precursora del amiloide (APP). Al existir una copia adicional de ese cromosoma, aumenta la acumulación de proteínas relacionadas con el mal neurodegenerativo.

Además del deterioro cognitivo, las personas mayores con síndrome de Down pueden presentar pérdida progresiva de memoria, disminución de la autonomía, problemas de movilidad, hipotiroidismo y alteraciones del sueño, así como pérdida de la visión y la audición, factores que incrementan el riesgo de aislamiento social.

La especialista indica que cualquier cambio en la personalidad, la memoria o la capacidad para realizar actividades cotidianas no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento. Una evaluación médica oportuna puede identificar enfermedades que son tratables y mejorar el pronóstico.

El acompañamiento familiar continúa siendo uno de los factores más importantes para conservar la calidad de vida. Los especialistas recomiendan que los familiares de la persona con síndrome de Down estén atentos a cambios en el comportamiento o ánimo y fomenten la mayor autonomía posible, respetando siempre las capacidades de cada persona.

Mantener rutinas, fortalecer los vínculos sociales, participar en actividades recreativas y adaptar el hogar para prevenir caídas también contribuye a un envejecimiento más seguro.

Asimismo, se aconseja planificar con anticipación aspectos legales, económicos y de cuidados a largo plazo, especialmente cuando los padres o cuidadores principales comienzan a envejecer.

La importancia del acompañamiento familiar se refleja en la experiencia de Roberto Sánchez Ríos, cuya hermana está próxima a cumplir 50 años. Aunque ella ha desarrollado un alto grado de autonomía para realizar actividades cotidianas, siempre está acompañada por alguno de sus padres o hermanos, salvo cuando asiste a su grupo de danza, que practica desde hace años.

“Dianita pertenece desde hace mucho tiempo a un grupo de danza, y eso ha ayudado a que muchas de sus patologías estén mejor controladas. Es muy expresiva y cariñosa, y ante el menor cambio de humor, de ánimo, algún síntoma o dolor, acudimos al médico; en su caso es mejor exagerar que llegar tarde”, comparte.

Para su familia, la atención constante, el acceso oportuno a los servicios de salud y el fomento de actividades que fortalecen su bienestar físico y emocional han sido claves para mantener su calidad de vida conforme avanza en edad.

Para la doctora Anna Rodríguez Cabrera, el desafío ya no consiste únicamente en prolongar la vida. El verdadero objetivo es garantizar que esos años adicionales transcurran con acceso a atención médica especializada, inclusión social, autonomía y buena calidad de vida. “Envejecer con trisomía 21 ya no es una excepción. Ahora el reto es que ese camino esté acompañado de cuidados, oportunidades y una sociedad preparada para responder a sus nuevas necesidades”, concluyó.— Darinka Ruiz Morimoto

De un vistazo

Expectativa de vida

Actualmente, en países con sistemas de salud desarrollados la esperanza de vida de las personas con síndrome de Down suele ubicarse entre los 50 y 60 años, aunque cada vez existen más casos de quienes superan los 70 e incluso los 80 años.

Riesgos

Aun así, sigue siendo menor que la de la población general por enfermedades asociadas, principalmente cardiopatías congénitas y mal de Alzheimer de aparición temprana.

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