Representación artística que muestra el sistema alrededor de la estrella CD-35 2722, con la recientemente descubierta “luna” en el centro
Representación artística que muestra el sistema alrededor de la estrella CD-35 2722, con la recientemente descubierta “luna” en el centro

MADRID (EFE).— Los científicos han descubierto 6,000 exoplanetas fuera del sistema solar, pero nunca habían identificado un exosatélite. Hasta hoy. La revista “Nature” describió ayer el primero, un hallazgo sin precedentes liderado por investigadores chilenos y conseguido con el Observatorio Europeo Austral (ESO).

“Es el primer satélite natural que encontramos fuera del sistema solar. Se trata de un cuerpo gaseoso del tamaño de Júpiter que orbita una enana marrón durante unos 170 días”, explica la astrofísica Alice Zurdo, profesora de la Universidad Diego Portales y directora del proyecto de investigación Núcleo Milenio YEMS (siglas en inglés de Exoplanetas Jóvenes y sus Lunas).

Zurdo, de origen italiano, lleva 11 años en Chile dedicada a la búsqueda y estudio de satélites. Desde hace cinco años dirige el proyecto YEMS y confiesa que ni en sus mejores sueños hubiera imaginado que iban a descubrir el primer exosatélite fuera del sistema solar en tan poco tiempo.

Para comprender el impacto del descubrimiento basta decir que los astrofísicos llevaban más de 40 años dedicados a buscar satélites fuera del sistema solar sin haber identificado ninguno hasta ahora. Dentro del sistema solar se han descrito más de 400 lunas.

Este hito “abre nuevos desafíos y preguntas por responder a la comunidad científica, como por ejemplo cuándo se ha formado ese satélite, por qué existe o cuántos más hay”, añade la investigadora.

Lo que Zurdo y el resto del equipo aún no tienen claro es si el primer satélite fuera del sistema solar puede ser definido como una “exoluna”, teniendo en cuenta que tiene una enorme masa, similar a la del planeta Júpiter, y que, a diferencia de las lunas del sistema solar no orbita alrededor de un planeta sino de una estrella enana marrón (CD-35 2722), que tiene la mitad de masa que el Sol. “No hay nada comparable en el sistema solar”, apunta.

“Este sistema es algo difícil de definir usando palabras basadas en nuestro sistema solar, como planeta y luna”, considera otro de los autores, el chileno Kevin Hoy, afiliado a la Universidad Diego Portales y al proyecto YEMS.

Por esa razón, ambos investigadores indican que “lo de menos en llamarle con las categorías creadas precisamente en el sistema solar; lo más importe es la puerta que abre a descubrir objetos diferentes más allá”.

Además de encontrar nuevos tipos de objetos en el espacio, detectar satélites en otros sistemas planetarios puede ayudar a la ciencia a entender cuán diversa es su formación y evolución.

Zurdo y su equipo utilizaron el instrumento Crires+ instalado en el Telescopio Extremadamente Grande de ESO en Chile y emplearon el método que se utilizó para encontrar el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol.

Aplicaron este método de velocidad radial para detectar pequeños “bamboleos” en la enana marrón causados por el objeto que la orbita, lo que llevó a detectar lo que el equipo cree que es una evidencia sólida de la presencia de este satélite fuera del sistema solar. “El instrumento cuenta con un espectógrafo muy preciso y poderoso, de 8 metros de diámetro. Lo logrado es gracias a una especie de ‘estado del arte de esta herramienta’”, dice la astrofísica.

Con su espejo de 39 metros de diámetro y su instrumentación avanzada, el próximo Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de ESO permitirá a la comunidad astronómica detectar exolunas incluso más pequeñas.

Los descubrimientos con el próximo ELT “harán reconsiderar aún más cómo etiquetamos los objetos planetarios de sistemas diferentes al nuestro”, subraya el equipo de ESO, que tiene el apoyo de 16 países.

“Este hallazgo demuestra el potencial tecnológico de la instrumentación actual y sirve como prueba para estos nuevos instrumentos”, destaca Jorge Lillo-Box, investigador científico en el Centro español de Astrobiología, en una reacción recogida en Science Media Centre.

“La relevancia del estudio no radica en la nomenclatura de lo que se ha detectado, sino en la capacidad técnica que ha habilitado el instrumento Crires+ de ESO para poder obtener velocidades radiales precisas de objetos muy débiles (como esta enana marrón) y, además, a poca separación angular de otra estrella”, apunta.

En otra reacción a este estudio, Javier Peralta, astrofísico en la Universidad de Sevilla y en varios proyectos de investigación espacial internacionales, subraya que la magnitud de este hallazgo “es similar a todo lo que vino cuando empezamos la carrera de descubrimientos de exoplanetas” (hoy se conocen más de 6,000).

“Nos ayudaría a entender cómo se forman los sistemas planetarios”, concluye.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán