No existe una forma de prevenir el cáncer infantil, pero sí es posible reducir algunos factores de riesgo para disminuir la probabilidad de que los menores desarrollen una enfermedad oncológica. Así lo señala la oncóloga pediatra Natalia Negroe Ocampo, quien explica que llevar una vida saludable es una de las pocas medidas que pueden reducir el riesgo.
Además, recomienda que ante cualquier signo de alarma se acuda de inmediato al médico para lograr un diagnóstico oportuno.
La especialista enfatiza que no existen medicamentos ni vacunas para prevenir el cáncer infantil. Sin embargo, hay factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que se desarrolle la enfermedad y algunos de ellos son modificables.
Factores de riesgo
Entre esos factores menciona la exposición a radiación ionizante, como el uso excesivo de rayos X y tomografías, y la radioterapia. Aunque esta última forma parte del tratamiento de algunos tipos de cáncer infantil, también incrementa el riesgo de desarrollar otros cánceres en el futuro.
Haber recibido quimioterapia también constituye un factor de riesgo.
Asimismo, la doctora Negroe Ocampo señala que existen factores ambientales, como la exposición a herbicidas y pesticidas. En estos casos, normalmente son los padres quienes tienen contacto con estas sustancias, por lo que deben tomar medidas para evitar llevar residuos al hogar.
“Cuando lleguen a casa deben quitarse toda la ropa que utilizaron y bañarse antes de saludar a su familia. Es muy importante hacerlo y mucha gente no lo sabe”, subraya.
Otro factor de riesgo es el consumo de sustancias como marihuana o cocaína durante el embarazo, ya que aumenta la probabilidad de que el menor desarrolle rabdomiosarcoma, un tumor maligno que afecta los tejidos blandos. Está demostrado que el antecedente de consumo de estas sustancias por la madre o el padre eleva hasta cuatro veces el riesgo de ese tipo de cáncer.
La especialista añade que existen igualmente factores genéticos. Menciona como ejemplo el síndrome de Down o trisomía 21, condición presente desde el nacimiento que aumenta la probabilidad de leucemias y otros cánceres infantiles. Hay enfermedades genéticas menos frecuentes, como el síndrome de Klinefelter, relacionadas con un mayor riesgo.
La doctora Negroe Ocampo destaca que el cáncer infantil continúa siendo la principal causa de muerte por enfermedad entre los niños de 5 a 10 años.
Respecto a la supervivencia, indica que Yucatán se encuentra por encima de la media nacional: en el país la supervivencia es de alrededor del 50% y en el Estado alcanza el 57%. No obstante, señala que estas cifras aún están lejos de las registradas por hospitales de referencia internacional, como St. Jude, en Memphis, Estados Unidos, donde la supervivencia en algunos casos de leucemia llega al 90%, al igual que en varios países europeos.
Explica que la diferencia radica en el acceso oportuno al tratamiento completo, medicamentos innovadores, atención multidisciplinaria y recursos de apoyo posteriores al tratamiento intensivo. Este soporte incluye acceso inmediato a terapia intensiva, transfusiones y antibióticos de última generación, elementos que en conjunto mejoran significativamente la supervivencia de los pacientes.
En cuanto a los cánceres más frecuentes en la infancia, la oncóloga señala que el primero es la leucemia aguda, que puede ser linfoblástica o mieloblástica. La primera representa unas tres cuartas partes de los casos.
Entre sus principales síntomas se encuentran fiebre sin causa aparente, dolores corporales y óseos, moretones, sangrados y crecimiento de ganglios, que puede manifestarse como un aumento de volumen en el cuello o en el abdomen. La mayoría de los casos se presenta entre los 2 y 5 años de edad.
En segundo lugar están los tumores del sistema nervioso central, que se desarrollan en el cerebro y aparecen con mayor frecuencia alrededor de los 3 y los 10 años.
Sus síntomas pueden ser sutiles e incluir dolor de cabeza, vómitos frecuentes, alteraciones neurológicas, problemas visuales, dificultades para moverse, desviación de un ojo, pérdida de fuerza en alguna extremidad y marcha tambaleante.
El tercer lugar lo ocupan los linfomas, que pueden aparecer en cualquier parte del tejido linfático, desde el cuello hasta las ingles, provocando aumento de volumen de los ganglios en el cuello, axilas, abdomen o mediastino. La pérdida de peso, el sudor nocturno y la fiebre son algunos de los síntomas característicos. Entre los distintos tipos de linfoma, el no Hodgkin es más frecuente en menores de 5 años, mientras que el Hodgkin se presenta principalmente en adolescentes.
Ante este panorama, la especialista recomienda a los padres mantenerse atentos a la salud de sus hijos, acudir periódicamente con el pediatra y buscar atención médica inmediata ante cualquier signo de alarma.
Asimismo, es importante llevar control del niño sano. En los menores de un año debe realizarse cada mes y, conforme crecen, las consultas se van espaciando, sin dejar de ser fundamentales para vigilar su desarrollo y detectar oportunamente cualquier enfermedad.— Iris Ceballos Alvarado
