El retumbar de los voladores en el cielo del mediodía y el ritmo alegre de la charanga anunciaron la fiesta: el barrio de San Sebastián volvió a ser el corazón palpitable de la devoción meridana.
Entre el andar elegante de las jaraneras, el estandarte erguido y el aroma a incienso, la parroquia lució abarrotada ayer para recibir con aplausos la colorida entrada del gremio de mestizos “La Esperanza Católica”, en el marco de las festividades en honor a la Virgen de la Asunción.






La jornada litúrgica arrancó desde las 11 de la mañana con los acordes melancólicos de la misa de despedida del gremio saliente.
El nuevo contingente comenzó a desplegar su alegría sobre la calle 70; avanzó en la 77 con paso firme, enfiló por la 72 y finalmente hizo su entrada anual por el portón principal del templo; el atrio se transformó en un mosaico viviente de tradición.
Unas 160 personas de todas las edades dieron vida a la procesión. Orgullosos de sus raíces, lucieron el terno e hipiles de finos bordados y el traje regional yucateco mientras custodiaban los tradicionales estandartes, la emblemática cabeza de cochino adornada y flores.
La marcha avanzó a ritmo de calesas, el firme paso de la banda de guerra Panteras, el estruendo de la pirotecnia y un vistoso grupo de jinetes que escoltó al contingente desde la retaguardia.
Puntuales a la cita, numerosos devotos aguardaban a las puertas de la parroquia para fundirse en un solo abrazo festivo.
La estampa reflejó la devoción sin edades que caracteriza al barrio: desde niños que protegían sus oídos del estallido de los voladores con audífonos especiales, hasta adultos mayores que, en silla de ruedas y con la mirada iluminada, no quisieron perderse el paso de sus santos patronos.
Ante la concurrencia, el recinto parroquial resultó pequeño para la cantidad de gente que llegó; decenas de feligreses escucharon respetuosamente el sermón de pie a lo largo de los pasillos laterales y las escalinatas de acceso al templo.
En el altar principal, la venerada imagen de la Virgen de la Asunción lucía aún el ropaje del gremio saliente, enmarcada por una vistosa paleta de arreglos florales y ofrendas en tonos azul, blanco y amarillo que resaltaban bajo la luz del recinto.
Durante la homilía, el párroco Lorenzo Mex Jiménez dirigió emotivas palabras de aliento a las agrupaciones que mantienen encendida la llama de la fe en la comunidad. En especial, felicitó al señor Pedro Casanova, quien con dedicación encabeza la directiva de “La Esperanza Católica” desde el año 2019.
Al término de la misa, se vivió el momento más solemne: los integrantes de ambas directivas se inclinaron en reverencia ante la Virgen y realizaron el emotivo cruce de estandartes.
Seguidamente, la efigie fue retirada con delicadeza del altar junto con las ofrendas salientes para dar paso al ritual del cambio de vestimentas.
Según detalló el propio Pedro Casanova, para este ciclo el vistoso terno de la efigie fue obsequiado por la familia Zumárraga Casanova, mientras que el elegante sombrero tradicional fue donado por Carlos Cervera.
Tras el conmovedor relevo, los devotos se retiraron a afinar los preparativos de la jornada, que continuó por la tarde con una misa a las 18 horas, el rezo del santo rosario a las 7 p.m. y la solemne misa dedicada al gremio de mestizos “La Esperanza Católica”.— PABLO MAY PECH
