“Lo que más le pido a Dios en esta encomienda es serenidad, confianza y docilidad al Espíritu Santo para responder a los desafíos como se requiere. Por una parte, se necesita un corazón noble y abierto y, al mismo tiempo, astucia, audacia y precisión”, comparte la hermana María Rosaura González Casas, religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, sobre su nombramiento por León XIV como consultora del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede.
El organismo, como hemos informado, acompaña y supervisa la vida religiosa en la Iglesia católica.
“Le pido a Dios y les pido a todos que oren por mí, porque necesitamos hacernos espaldas unos a otros, como decía Santa Teresa, para servir a nuestro Señor”, añade la religiosa, quien vive en Roma desde hace 9 años sirviendo a la Iglesia.
La hermana González Casas, nacida en Ciudad de México, tiene estrecho vínculo con Yucatán, ya que sirvió en el Colegio Teresiano “Enrique de Ossó” de Mérida durante dos períodos. De la comunidad académica ya ha recibido felicitaciones por la encomienda recibida el jueves pasado del Sumo Pontífice.
La religiosa fue directora de la preparatoria de 1983 a 1989 y directora general de la institución educativa de 2007 a 2015. Actualmente dirige el Instituto de Psicología de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Su labor académica se ha centrado en la formación para la prevención de abusos en el seno de la Iglesia. Su trabajo para la protección de menores y adultos vulnerables es reconocido en el ámbito internacional.
Ahora, como consultora del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica será uno de los expertos externos nombrados por el Papa para un período de cinco años que darán asesoría científica y doctrinal.
“Se trata, fundamentalmente, de ayudar elaborando estudios, dictámenes y votos sobre las materias complejas que el Dicasterio deba resolver”, explica la hermana María Rosaura al Diario.
También colaborará con la redacción de instrucciones, cartas apostólicas y decretos antes de su aprobación final, y participará en sesiones de consulta y reuniones periódicas para debatir temas específicos asignados por la prefecta del Dicasterio.
“Es bastante fuerte lo que tenemos que hacer”, reconoce la religiosa, que en 2027 conmemorará medio siglo de vida consagrada.
Participación de las mujeres en la Iglesia
Cuestionada sobre por qué León XIV delegó esta responsabilidad en ella y otras mujeres, responde que “la realidad habla de la necesidad y urgencia de que participemos las mujeres”.
“El Dicasterio para la Vida Religiosa y las Sociedades de Vida Apostólica está formado en su mayoría por mujeres. Me parece maravilloso que (el Papa) ponga a religiosas de consultoras”.
Ese dicasterio aprueba las constituciones, la regulación y los capítulos generales de las congregaciones.
Sería la primera religiosa teresiana en asumir un cargo como ese, que ya empezó a ejercer. “Me dieron ya un encargo para ir con una congregación. Así que solo salí y me llamaron para pedirme un trabajo. Esto va corriendo”, apunta.
En sus 9 años en Roma ha trabajado en el Instituto de Psicología, los primeros dos en el Centro de Protección de Menores, donde había estudiado. “Me pidieron que colaborara porque la directora se acababa de ir. Estuve trabajando allí tres años, al mismo tiempo que trabajé en Psicología”, relata.
“Una vez que el Centro de Protección de Menores se desarrolló como instituto —el Instituto de Antropología—, tuve que decidir dónde quedarme. Y me quedé definitivamente en el Instituto de Psicología, donde actualmente soy la directora”.
Nombramientos como el suyo en el Dicasterio “abren un camino para que las religiosas vayan encontrando su lugar en la Iglesia”.
“No puede haber sinodalidad en la Iglesia si no trabajamos codo a codo. La sinodalidad se construye cuando se puede hablar como iguales”, subraya.
“Los nombramientos como estos ayudan a crear un estilo de Iglesia que puede atraer más a los jóvenes. Tenemos que crear juntos un nuevo modo de ser Iglesia. En ese nuevo modo entrarán más vocaciones”.
La hermana María Rosaura recuerda asimismo sus años de servicio en el Colegio Teresiano de Mérida, al que lleva en el corazón. “Llevo, como dice el verso, muchos nombres escritos en la palma de la mano, muchos rostros, muchos niños, muchas niñas; ahora ya son todas unas mujeres”, reconoce.
“Recuerdo tantas cosas: las misiones, los padres de familia; más que nada, recuerdo que los quiero mucho, que están en mi corazón”.
“En particular gozaba con los pequeños de primero a tercero de primaria. Me encantaba verlos. A la comunidad yucateca la llevo siempre en el corazón”.
“El amor crece cuando es verdadero y mi amor ha crecido por cada uno. Deseo que sigamos caminando hacia Jesús y nos encontremos todos en el cielo con un abrazo eterno”, expresa.
La comida yucateca le sigue gustando e, incluso, ha visitado un lugar en el área del Trastevere donde venden tacos de cochinita pibil.
“Tengo blusas bordadas yucatecas que me han regalado exalumnas y padres de familia y que son preciosas. De vez en cuando me las pongo”, revela.
