No podemos negar que nuestro país vive bajo los valores y las ideologías de la religión católica, al habitar en él un 77.7% de practicantes y creyentes, según encuestas del Inegi en 2026.
Sin embargo, se ha podido percibir que estas creencias e interpretaciones han traspasado límites que, por alguna razón, se han puesto sobre debates morales cuando no tendrían por qué. Un claro ejemplo: durante la pandemia de Covid-19 existieron movimientos antivacunas proclamando que estas “tenían fetos”, “no estaban en los planes de Dios” o que “eran actos del demonio para controlarnos”… entre otras muchas. Entonces comenzaban los debates sobre si eran buenas o malas, si deberíamos utilizarlas o no, cuando realmente estábamos en estado de emergencia a nivel global y las vacunas venían a salvarle la vida a todos.
Ahora, no voy a hablar sobre la pandemia aquí. Un tema que me mantiene despierta por las noches es la carencia de ESI (Educación Sexual Integral) en nuestro país, que es básicamente deficiente. La Universidad de Minnesota hizo público en junio del presente año un estudio realizado en Inglaterra en “The Lancet” donde probaban que la vacuna del VPH (Virus del Papiloma Humano) tenía una eficacia del 100% habiendo eliminado las muertes en mujeres jóvenes entre 20 y 24 años de edad.
Aunque han existido espacios en el país donde las escuelas proporcionaban la vacuna a las adolescentes, también es una realidad que muchas familias y colegios optaron por eliminar esta posibilidad (es una vacuna cara, pero ese es tema para otro día) por el miedo a causar “promiscuidad” en sus hijas y alumnas. Me pregunto yo, ¿hasta dónde vamos a permitir que lo que interpretamos religiosamente interfiera con la salud de los demás?
Los riesgos de embarazos no planeados existen, las enfermedades de transmisión sexual también… y lo que nos preocupa es que las mujeres tengan una vida sexualmente activa, no el qué pueda sucederles en el proceso. Al negarle el acceso a hijos y alumnos a una ESI, los ponemos en riesgos inminentes y preferimos sostenernos a una ideología religiosa que aceptar la realidad como es: el evadir la sexualidad (en todos y cualquier aspecto) es completamente negligente e irresponsable.
Nadie dice que te pelees con tus creencias. El punto importante aquí es saber discernir y actuar como una persona que vele por los derechos y la seguridad de los demás, como lo es, directa y objetivamente, el acceso a educación sexual de calidad y la garantía de una vida sexual plena, justa y segura. No es justo poner en riesgo a los demás ni a nosotros mismos teniendo un sustento científico que avale todo lo anterior.
Psicóloga.
