Más de dos décadas de preguntas, entrevistas, documentos, fotografías y recuerdos familiares desembocaron en “Los que llegaron. La migración coreana a Yucatán”, libro de Javier Corona Baeza que reúne parte de la historia de los primeros inmigrantes coreanos que llegaron a México.

La obra será presentada mañana domingo, a las 11 a.m., en el Museo de la Inmigración Coreana.

Para Corona Baeza, llegar al museo y presentar el resultado de su investigación ante los descendientes de aquellos primeros migrantes representa también un momento de responsabilidad.

“Ir al museo, estar frente a ellos, a los descendientes de los personajes de los que yo hablo en mi libro, pues sí me asusta”, admite.

El motivo, explica, es que muchos de quienes estarán presentes conocen su propia historia familiar y otros la han escuchado a través de las charlas que él mismo ha ofrecido durante años. “No puedo llegar y decir mentiras, muchos conocen su historia y los que no conocen su historia la saben porque yo se las he contado”.

En entrevista con el Diario, el autor recuerda que el proyecto no nació con la intención de escribir un libro. Comenzó con una pregunta personal que se hizo desde joven: de dónde provenían sus antepasados y por qué su familia conservaba determinadas costumbres.

“En un principio le preguntaba a mi abuelo: ¿Por qué tú eres así?”.

Con el paso de los años descubrió que aquella pregunta también se repetía en otras generaciones de su familia. Una de sus tías, ya abuela, recibió una pregunta similar de su nieto: “Oye, abuelita, ¿y por qué soy así?”. La explicación volvió a conducir al origen coreano de sus antepasados.

Las respuestas no estaban únicamente en los documentos. También aparecían en la mesa familiar. Javier indica que desde que él era un niño en su casa se consumían platillos asiáticos. “Desde que yo recuerdo, comíamos comida coreana y en la mesa había la costumbre de llamarle a la comida con su nombre en coreano”.

Durante su infancia tuvo además la oportunidad de pasar fines de semana con sus abuelos paternos. Allí escuchaba a su abuelo y a sus amigos contar una y otra vez sus memorias, entre ellas historias relacionadas con el trabajo en las antiguas haciendas y el corte de las pencas de henequén.

Aquellas conversaciones terminaron convirtiéndose en una especie de archivo familiar. Primero fueron preguntas; después, notas. “Entonces, la historia de dos, tres minutos se convierte en una plática de 30 minutos, de dos horas. Y antes de que se me olvide empecé a escribir”.

Esa inquietud también terminó por acercarlo al periodismo. Aunque inicialmente estudió Ingeniería Mecánica, una investigación académica y el consejo de una antropóloga, la maestra Teresa Repetto, lo llevaron a darle forma periodística al material que había reunido. ¿El resultado? Una investigación de 16,565 palabras que sigue cronológicamente el proceso migratorio de los asiáticos, desde los antecedentes de la llegada de coreanos a México en 1905 hasta la evolución de sus comunidades y sus descendientes en Yucatán.

Para construirla, Javier Corona recurrió a entrevistas, archivos históricos, documentos, publicaciones, exposiciones, conferencias y fotografías, entre otros materiales. Una de sus preocupaciones fue no depender únicamente de la memoria oral. “En este libro estoy basándome en hechos, en datos, en documentos que se pueden comprobar”.

El libro aborda las razones que llevaron a cientos de personas a abandonar Corea, su llegada a México y su incorporación al trabajo de las haciendas henequeneras. También recupera nombres, fechas, personajes y episodios familiares que permiten observar la migración más allá de las cifras.Corona Baeza recuerda haber visitado comunidades, haciendas y parcelas para hablar directamente con personas que conservaban recuerdos de aquella época.

“Tuve oportunidad de irme al monte, entrar a las parcelas, sentarme ahí en una piedra y platicar con las personas, también con mi abuelo en su taller de hojalatería”.

En esos recorridos encontró una particular huella del trabajo que desempeñaron los inmigrantes. El sol y las jornadas en el campo habían transformado su apariencia hasta hacerlos parecer físicamente a los habitantes de las comunidades mayas.

“Siempre me llamó la atención cómo era posible que siendo ellos orientales tengan el color de la gente del pueblo maya y la respuesta fue porque desde jóvenes o desde muy chicos trabajaban en el henequén, y el sol les hacía lo mismo que a nosotros”.

La investigación permitió a Javier Corona reconstruir su propio origen. Sus bisabuelos eran coreanos y provenían de la isla de Jeju, pertenecientes al clan Ko. Uno de los documentos que encontró registra en coreano el nombre de su bisabuelo, Ko He Min.

Su historia familiar refleja el proceso de integración que vivieron los descendientes. Su abuelo se casó con una yucateca y, posteriormente, su padre nació con ascendencia coreana y mexicana. “Entonces mi papá es 50% sangre coreana y sangre mexicana. Una sangre así, yucateca”.

Aunque el paso de las generaciones modificó apellidos, rasgos y vínculos familiares, algunas costumbres permanecieron.

“Algo que no se puede negar, la comida. En la casa comemos kimchi”.

Para el autor, esos pequeños elementos pueden convertirse en pistas de una historia que algunas familias conocen y otras han ido perdiendo con el tiempo.

El libro busca recuperar esas conexiones y reunir en un solo volumen información que durante años estuvo dispersa en publicaciones, archivos, testimonios y colecciones.

Pero Javier insiste en que la historia todavía está lejos de estar completa. Nuevos testimonios y documentos continúan apareciendo y permiten llenar espacios que permanecían vacíos.

“Esos detalles son como un rompecabezas: siguen apareciendo piezas y todavía sigo conociendo gente que me va contando anécdotas”.

“Los que llegaron. La migración coreana a Yucatán” está disponible en Editorial Koókay, Librerías Badú, los centros culturales “José Martí” y “Fernando Castro Pacheco”, así como en el Museo de la Inmigración Coreana. El precio al público es de 230 pesos.— JORGE IVÁN CANUL EK

De un vistazo

Raíces entrelazadas

La familia de Javier Corona Baeza es un ejemplo de cómo descendientes coreanos formaron hogares con yucatecos, mezclando orígenes, apellidos y costumbres por varias generaciones.

Rompecabezas incompleto

Nuevos documentos, testimonios y anécdotas continúan apareciendo, aportando piezas para comprender la migración coreana a Yucatán.

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