“LLEVARON SUS LÁMPARAS Y UN FRASCO DE ACEITE”

En el texto del evangelio de hoy encontramos varios símbolos de gran belleza, sobresaliendo el signo de la boda, un signo muy apreciado en todo el Antiguo Testamento, en especial del texto de “El Cantar de los Cantares”.

El amor de los esposos es considerado como el signo luminoso entre Dios y las personas. En tiempos de Jesús, al atardecer el novio iba con sus amigos a la casa de la novia que lo esperaba acompañada de sus amigas; cuando él llegaba, se formaba una sola comitiva y todos juntos se dirigían a la casa del esposo en donde se celebraba el matrimonio y se comía el banquete nupcial.

El “sueño”, en el relato de hoy, alude al sopor espiritual, a la frialdad, al desinterés y al agotamiento del alma…

Dedicación

El “estar vigilantes” representa la dedicación caritativa de la persona, el amor operativo e inteligente, como escribió san Pablo: “No durmamos como los demás, sino permanezcamos despiertos y sobrios” (1 Tes 5, 6).

Esa diferencia entre el “sueño” y la “vigilancia” se sostiene por el simbolismo clásico de la noche y de la luz. La noche es el momento de la prueba, y la luz es vida, es Gracia, es Dios mismo.

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