Misa en la iglesia de San Juan de Letrán en Roma
ROMA.— El papa Francisco se desplazó ayer sábado hasta la Basílica Pontificia de San Juan de Letrán y rezó frente al Sagrario situado junto a la lápida conmemorativa en honor a las víctimas de la pobreza, dando así comienzo de forma oficial a la Jornada Mundial de los Pobres.
Tras esos instantes de oración, el Pontífice presidió la misa con motivo de la fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, sede de la Diócesis de Roma, de la que el Papa es titular.
En su homilía, el Santo Padre guió su reflexión en torno a tres frases sacadas de la Biblia. La primera de ellas es del Salmo 46, versículo 5: “Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios”.
El líder católico también afirmó que “los cristianos que habitan en esta ciudad son como el río que fluye del templo: llevan una palabra de vida y de esperanza capaz de fecundar los desiertos de los corazones”.
“La ciudad no puede más que alegrarse cuando ve a los cristianos convertirse en anunciadores alegres, decididos a compartir con los demás los tesoros de la Palabra de Dios y entregarse por el bien común”.
Ir al encuentro
La misión de los cristianos en la ciudad es “ir al encuentro de los demás, entrar en diálogo con ellos, escucharlos con humildad, gratuidad y pobreza de corazón”, subrayó Su Santidad.
La segunda frase, de la Primera Carta a los Corintios, el Papa la dedicó de forma especial a los presbíteros: “Nadie puede poner otro cimiento que el ya puso Jesucristo”.
“Esa es vuestra función”, señaló el Papa a los sacerdotes, “el corazón de vuestro ministerio: ayudar a la comunidad a estar siempre a los pies del Señor para escuchar la Palabra, tenerla lejos de toda mundanidad, de los malos compromisos, custodiar el fundamento y la raíz santa del edificio espiritual, defenderla de los lobos carroñeros, de quien quiere hacerla desviar de la vía del Evangelio”.
Indicó que “desde que soy Obispo de Roma he conocido de cerca a muchos de vosotros: he admirado la fe y el amor por el Señor, la cercanía a las personas y la generosidad en el cuidado de los pobres”, puntualizó.
Francisco recordó a los sacerdotes que ellos conocen “los barrios de la ciudad como ningún otro y guardan en el corazón los rostros, las sonrisas y las lágrimas de mucha gente. Han dejado de lado contraposiciones ideológicas y protagonismos personales para dejar espacio a aquello que Dios les pide”.
Con la tercera frase, “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré”, Jesús “se comporta de manera divinamente provocativa”.
“Para poder sacudir la ignorancia de los hombres e inducirlos a cambios radicales, a veces Dios decide actuar de manera fuerte, para provocar una ruptura en la situación. Jesús con su acción quiere provocar un cambio de paso, una inversión de la rotación”.— ACIPRENSA
