PARÍS (EFE).— No ha sido un año fácil para Patrick Chauvet, rector y arcipreste de Notre Dame de París.
Días antes del aniversario del fatídico incendio de la catedral, todavía no sabe cuánto dinero ni tiempo costará la reconstrucción, frenada por la pandemia.
“Ni siquiera somos capaces de decir cuánto va a costar porque no hemos retirado los andamios quemados y no sabemos cuál es la situación debajo de ellos. No hay que desmovilizar a la gente diciendo que hay bastante dinero”, afirma.
Como principal responsable de la administración de Notre Dame, Chauvet, de 68 años, ocupa un cargo que tiene tanto de sagrado como de diplomático: es el rostro más visible de la catedral en Francia y desde el incendio se le ha visto por televisión, a veces con lágrimas pero siempre avispado, ocurrente y con un punto chistoso.
El clérigo insiste en que este miércoles 15 tiene poco de celebración: “No quiero volver a reconstituir lo que pasó aquella noche, es un trauma para mí, no puedo hablar de ello”.
“Después del incendio le pregunté al Señor, ¿por qué? ¿Por qué hacerme pasar por esto? Por supuesto no obtuve respuesta, pero la que yo doy es que es una forma de vivir la esperanza”, afirma.
“Mientras los andamios sigan encima, no podremos decir que la catedral está salvada. Estamos bloqueados en las obras otra vez, todo va muy lento y en el momento en el que por fin íbamos a retirarlos llega el confinamiento”, lamenta.
Datos
La centenaria catedral está ubicada en el kilómetro número cero de Francia.
“Año difícil”
“Lo menos que podemos decir es que ha sido un año difícil. El Señor nos pone a prueba“, admite el arcipreste Patrick Chauvet.
Es un mensaje
El clérigo está convencido de que los obstáculos para terminar las obras, incluido el virus que le ha puesto pausa al mundo, esconden un mensaje divino: “Hay que volver a lo esencial”.
