El país afronta un futuro incierto tras el asesinato
PUERTO PRÍNCIPE (AP).— Haití, sumido en la crisis y el caos, encara un futuro incierto tras el asesinato del presidente Jovenel Moise al que siguió un supuesto tiroteo en el cual, según las autoridades, la policía mató a tres sospechosos del magnicidio, detuvo a 17, liberó a tres policías tomados como rehenes y está en la búsqueda de ocho prófugos.
Las autoridades prometieron hallar a todos los responsables del asalto a la casa de Moise anteayer en la madrugada, que mató al presidente y dejó herida de gravedad a su esposa, Martine Moise. Ella fue llevada a Miami para recibir tratamiento. Según EFE, su condición es “estable pero crítica”.
Ayer, el primer ministro interino Claude Joseph, que asumió el gobierno con respaldo de la policía y las fuerzas armadas, solicitó a la gente que reabra sus negocios y regrese a sus trabajos. También ordenó reabrir el aeropuerto internacional.
Anteayer, Joseph decretó un estado de sitio de dos semanas tras el asesinato de Moise, que causó estupor en un país que afronta algunos de los niveles más elevados de pobreza, violencia e inestabilidad política del hemisferio occidental. La inflación y la violencia de pandillas se dispararon y escasean los alimentos y el combustible.
El 60% de los haitianos ganan menos de dos dólares al día, un panorama terrible que se agrava en un contexto en el que Haití intenta recuperarse del devastador terremoto de 2010 y el huracán “Matthew” en 2016 tras una historia de dictaduras y agitación política.
