Hoy que el sur de Mérida luce nuevo rostro urbano y tiene bases para un mejor desarrollo económico y social, los meridanos preguntan qué ha pasado con las pandillas que durante más de una década sembraron terror, dañaron la imagen y fama de esa zona de la capital yucateca.
La respuesta la da un experto en el tema y quien vivió en carne propia el auge del pandillerismo en el sur: Antonio Osorio Vázquez, coordinador general del Club Deportivo Palestinos.
Precisamente su proyecto surgió para desalentar ese problema juvenil y encausar al bien a los jóvenes con falta de oportunidades.
¿Está igual o peor Mérida que en la década de los años 80 y 90 en cuestión de pandillerismo?, se le pregunta.
“No, nada, no estamos igual. Ahora el pandillerismo es más oculto, es más casero en las colonias y ya no ves a grupos de 100 integrantes ni que vayan de una a otra colonia”, indica. “Para empezar no llegarían de una colonia a otra porque hay una buena vigilancia policíaca. Ahora la policía si ve a grupos de 10 ó 20 jóvenes que se desplazan en bicicletas, en motos o a pie, los interceptan, los interrogan y los vigilan”.
Osorio Vázquez recuerda que Mérida vivió copado por el pandillerismo de 1982 a 1993. Fueron años muy difíciles en que los enfrentamientos entre grupos terminaba con personas muertas y las zonas oriente, sur y poniente eran de alto riesgo para las personas.
Aunque el trabajo de las autoridades de dotar de mejor infraestructura urbana a la zona sur, del trabajo apostólico de los salesianos y de otros grupos civiles y los patrullajes policíacos empezaron a disminuir este problema hasta que hoy sólo se notan cuando hay enfrentamientos entre algunos de los pequeños grupos o rivales ocasionales.
En el sur de Mérida había en esa época alrededor de 20 pandillas con integrantes numerosos y los más conocidos por su agresividad eran “Los trompos”, “Los chimuelos” de Pacabtún, “Los cazafantasmas”, “Los thundercats”, “Los chivos”, “Los conejos”, “Los muertos”, “La neighborgh” y “Vatos locos”, entre otros.
Famosos
La pandilla más famosa por sus numerosos seguidores fueron “Los trompos”, que tuvo su base en la esquina de la calle 58 con 97 del rumbo de Los Cocos, donde todavía existe la tienda “Los Trompos”, nombre que adoptaron los pandilleros porque era el lugar donde se concentraban. Fue un poderoso grupo, de unos 600 seguidores, al grado que uno de sus presuntos líderes Carlos Huchim Chel puso al servicio del PRI a ese grupo delictivo para destruir la propaganda de los candidatos del PAN.
Ese líder terminó mal con ese partido porque denunció que asesores de Ivonne Ortega, entonces candidata a la gubernatura, lo contrataron para la guerra sucia y no le pagaron.
Uno de sus contratantes que mencionó en su denuncia fue Jorge Canul Rubio, quien fue secretario de Protocolo del gobierno ivonista. Hoy ese grupo pandilleril desapareció y Huchim Chel murió en hechos violentos en Playa del Carmen, Quintana Roo, hace aproximadamente 6 años.
“Ahora el pandillerismo está más grave fuera de Mérida, principalmente en el sur del Estado y municipios como Oxkutzcab y Tekax, donde los jóvenes retornan de Estados Unidos mal influenciados”, señala Antonio Osorio Vázquez. “Hace poco fui a Oxkutzcab y quería localizar a una persona que conocía y pregunté. Hablé con un joven que me respondió ‘mascando el inglés’, aunque sabía español. Vestía al estilo de los cholos y platiqué con él. Cuando me dijo que es de Oxkutzcab, lo cuestioné por qué habla el medio inglés si sabe español. Me dijo que estuvo seis meses en Estados Unidos y cuando regresan de ese país la moda es vestir y hablar como allá porque si no, los consideran huiros en el pueblo”.
Comienzos
Osorio Vázquez trae al recuerdo cómo es que las pandillas tomaron auge en la décadas de los años 80 y 90.
En el Carnaval de Mérida en 1989 un grupo de jóvenes del sur protagonizó actos vandálicos y los periódicos narraron ese problema con amplitud. Eso generó curiosidad y noche tras noche llegaban jóvenes de varios rumbos para que escucharan los relatos de los protagonistas. Siempre se citaban en la esquina de la tienda “Los trompos” y así se hicieron llamar cuando el grupo era numeroso.
Se reunían para bailar break dance, contar hechos violentos con otros pandilleros, fumar droga o tomar, enamorar jovencitas y cometer actos vandálicos en varios rumbos del sur de la ciudad de Mérida.
Los reportajes periodísticos sobre “Los trompos” alentaron otras pandillas que también querían llamar la atención y empezó la defensa de territorios y los enfrentamientos entre pandilleros, que cobró muchas vidas juveniles.
Para el promotor deportivo los pandilleros eran muchachos buenos, amigables y sólo estaban mal ubicados, sedientos de oportunidades y que los tomaran en cuenta. Por ello valora en toda la dimensión el trabajo que realizan los padres salesianos; es un trabajo apostólico increíble con apoyo de empresarios. Si no fuera por los salesianos, los San José Tecoh, los San Antonio Xluch, las colonias Emiliano Zapata y otras del sur estuvieran en una situación terrible.— Joaquín Chan Caamal
Bandas Combate
Más opiniones de Antonio Osorio Vázquez, coordinador del Club Deportivo Palestinos.
Labor
“Es un gran trabajo el de los padres salesianos. Eso ha frenado un poco el resurgimiento de las pandillas”, dice el dirigente.
Necesidades
“Este trabajo de los salesianos nos dio la razón: los muchachos necesitaban que los tomaran en cuenta. El pandillerismo era por falta de educación, no necesariamente la académica; necesitaban educación social, moral y religiosa, que les hablen de valores para que no cayeran en malas prácticas. Tengo 42 años trabajando con jóvenes del sur y mi experiencia me dice que ellos necesitaban los valores del buen yucateco”.
