A estas alturas de la película, ya no hace falta explicar lo qué son las criptomonedas y cuál es su importancia en los mercados financieros mundiales. Desde la eclosión de Bitcoin, cualquiera que tenga una mínima relación con el sector financiero o con medios de comunicación especializados sabrá cuál es el peso de estos activos en el día a día económico. El mundo, digamos, se ha familiarizado con las criptomonedas.
Sin embargo, eso no quiere decir que no siga habiendo criptomonedas que, por su morfología, filosofía, objetivos o, simplemente, por los grupos de apoyo que se encuentran tras ellas, sigan teniendo capacidad de sorprendernos enormemente. Hay vida más allá del Bitcoin, se podría decir.
Por ello, a continuación, les dejamos una lista de las divisas electrónicas más únicas y singulares de cara a este 2018. Porque no todo en las criptomonedas van a ser simples imitadores del Bitcoin. Tiene que haber algo más.
XLM de Stellar
La criptodivisa XLM de Stellar está llamada a ser una de las sensaciones de este año. Su principal particularidad es que el proyecto tras el que se sustenta esta moneda electrónica no está centrado únicamente en la divisa. Es más, Stellar ha nacido como un portal peer-to-peer para el intercambio de divisas tradicionales y electrónicas que cuenta con el XLM como su propia criptomoneda, instrumental en las transacciones que realiza la web.
Sin embargo, pese a nacer como un producto integrado en un proyecto más grande, la reputación y precio del XLM ha vivido ya varias subidas fuertes gracias a la reputación del proyecto. Importantes actores del sector financiero y del IT —como Jed McCaleb, Keith Rabois, Patrick Collison, Matt Mullenweg, Greg Stein, o Joi Ito— se encuentran en la sala de máquinas de Stellar, y esto ha influido muy positivamente en su precio.
Como curiosidad, cabe destacar que el de Stellar y XLM no es un proyecto que confíe en que las criptomonedas acabarán por ejercer cierto dominio en el mercado monetario. Más bien, el futuro de esta compañía apunta a un futuro de convivencia entre las monedas clásicas y criptomonedas. Veremos si aciertan.
Petro, el ‘Bitcoin bolivariano’
Gran parte del mundo financiero se sorprendía cuando el pasado 20 de febrero el gobierno de Venezuela anunciaba la creación de su propia criptomoneda, el petro. Tal como anunciaba el ejecutivo liderado por Nicolás Maduro, dicha divisa pasaba a estar relacionada con el valor de los 5.342 millones de barriles del campo 1 del Bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco, en el país sudamericano.
Realmente, el petro puede ser una de las primeras criptomonedas relacionadas con un valor físico y que, además, no es cripto en el sentido estricto de la palabra. Pese a todo, la divisa electrónica venezolana pasará a operarse en la plataforma de Ethereum y tiene como objetivo luchar contra la devaluación constante del bolívar, la moneda nacional de Venezuela.
El éxito del petro dependerá, sobre todo, de la actitud que los reguladores norteamericanos tomen frente a ella. Si el gobierno estadounidense decide sancionar las transacciones con este activo, realmente su futuro será bien poco halagüeño. Y, la verdad, nada parece indicar que los norteamericanos vayan a permitir que el petro se vaya de rositas.
Monero y la privacidad hecha divisa electrónica
Monero se ha convertido en el terror de las autoridades de todo el mundo por la capacidad que tiene de llevar a cabo operaciones de una forma totalmente anónima. Gracias a que cualquier token de esta criptomoneda es exactamente igual a otra, no hay forma de identificar a sus poseedores, que cuentan con un anonimato total en esta red. Así pues, no es de extrañar que el Monero sea una de las criptomonedas favoritas a la hora de llevar a cabo operaciones ilegales en la Deep Web.
Tampoco son extrañas, claro, las reacciones a este hecho. Gobiernos y parlamentos de todo el mundo ya están intentando vetar la existencia de este tipo de criptomonedas anónimas, de las cuales el Monero es el mayor representante. Una divisa electrónica que, esta sí, vive en medio de una verdadera confrontación entre partidarios y detractores de su existencia. Veremos quién se acaba por llevar el gato al agua.- (I.S.)
