Fue de los medios que dieron más información sobre el Movimiento estudiantil del 68 y la matanza de Tlatelolco, recuerda el analista Sergio Aguayo.— Periodismo independiente
“En 1968 los estudiantes mexicanos tomaron las calles de la capital para pedir y exigir a un régimen todopoderoso y malhumorado reducir la violencia estatal, transparentar la toma de decisiones y abrir canales a la participación ciudadana”.
Así comienza el analista, investigador y periodista Sergio Aguayo Quezada su más reciente obra: “El 68. Los estudiantes, el Presidente y la CIA”.
“Respondieron con difamación y engaños, con macanazos y balazos, con exilio o cárcel”, continúa el profesor de la Universidad de Harvard, quien lleva más de un cuarto de siglo investigando ese suceso.
Hallar la verdad
El Movimiento estudiantil de 1968 fue el acontecimiento más trascendente de México en la segunda mitad del siglo XX. Su importancia y sus efectos en la historia de la sociedad mexicana y su acceso a una vida democrática son incuestionables…, pero eso pocos lo sabían cuando el gobierno de Díaz Ordaz ordenó aplastarlo a sangre y fuego en Tlatelolco.
Y no fue fácil saberlo en los días siguientes porque mediante estrategias que incluían la censura y el embute el gobierno mantenía un control tenaz sobre gran parte de la prensa. La verdad tardó en aparecer, oculta bajo la versión preparada en Los Pinos, según la cual, recuerda Aguayo, “torvos extranjeros manipularon a estudiantes violentos que balearon a mansalva a representantes de la autoridad en la Plaza de las Tres Culturas. Ante la agresión, los soldados y los policías respondieron, causando algunas bajas”. Era eso o minimizar los hechos.
Afortunadamente, unos cuantos medios se sacudieron la línea oficial y poco a poco la verdad fue apareciendo, recuerda en entrevista el investigador, quien resalta entre esos periódicos que se atrevieron a contradecir al régimen al Diario de Yucatán, “que estiró al máximo los límites de la libertad de expresión y fue el que más información publicó (de los medios de provincia) sobre los acontecimientos del 2 de octubre”.
Efectivamente, el Diario dio seguimiento al Movimiento del 68 como nadie porque informar era una obligación con sus lectores. No hubo silencios ni paréntesis durante los 146 días que duró la pacífica rebelión estudiantil.
Así fue desde el origen del movimiento, el 23 de julio, cuando un pleito entre preparatorianos desató una violenta, desmedida reacción del cuerpo de granaderos, que entró a la Vocacional 5 a golpear con saña a estudiantes y maestros y detener a varios de ellos. “El profesorado está indignado y considera que la riña debió controlarse en las calles, sin entrar los granaderos a las escuelas”, dice la nota publicada en primera plana el 25 de julio.
A partir de ese día, el Diario cumplió de manera puntual la tarea de informar a la sociedad de los conflictos que en poco tiempo se convertirían en un movimiento organizado. Lo hizo sin prejuicios ideológicos, sin privilegiar ninguna versión, recogiendo las voces —a favor y en contra— de todos los protagonistas, tarea difícil tratándose de protestas y manifestaciones que polarizaron radicalmente al país.
La sociedad yucateca pudo seguir el desarrollo del Movimiento en nuestras páginas: el jueves 25 de julio dimos a conocer que el Comité Ejecutivo de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM declaró huelga indefinida; el sábado 27, que 5,000 jóvenes del Poli y la UNAM efectuaron una manifestación de protesta contra las autoridades policiales y que elementos ajenos aprovecharon la ocasión para provocar desórdenes. Todas las marchas, todos los mítines, todos los acontecimientos —el “bazukazo” a la Escuela Preparatoria, la toma militar de instalaciones de la UNAM y el Poli, la gran marcha encabezada por el rector Javier Barros, las dos grandes manifestaciones (de 150,000 y 400,000 personas cada una) en el Zócalo, los choques violentos— encontraron amplia difusión, sin ningún tipo de censura, en las principales páginas del Diario.
Conjura internacional
Según la versión preparada en Palacio Nacional los estudiantes eran parte de una conjura de intereses extraños —“ideologías exóticas” en los términos de la época— para dañar a México y estropear los Juegos Olímpicos. Muchos periódicos fueron fieles difusores de esos relatos, que calificaban a los estudiantes con adjetivos propios de delincuentes: vándalos, rebeldes, agitadores, vagos. Algunos medios, en el extremo opuesto, defendían a ultranza el Movimiento, pero, como los otros, distantes también de una versión objetiva y equilibrada de los hechos.
La investigadora Ana María Serna asegura que en el México de los 60 “el periodismo independiente era una actividad casi clandestina. Fueron pocos los medios que durante esas décadas expresaron puntos de vista contrarios al régimen”.
Aguayo coincide: “Un análisis de 1,130 noticias aparecidas en 16 medios impresos de la capital y diversos estados entre el 2 y el 11 de octubre me permite asegurar que, salvo excepciones bien significativas, la prensa escrita respaldó la versión oficial, condenó el movimiento cívico juvenil y metió el conflicto en el esquematismo ideológico de la Guerra Fría”.
Sin embargo, con el tiempo “la versión oficial fue hecha trizas por una coalición informal de periodistas, académicos, funcionarios disidentes e integrantes del Movimiento, mexicanos y de muchas otras nacionalidades… que construyeron la interpretación que triunfó porque estaba basada en los hechos”, consigna Aguayo Quezada en su libro.
Los primeros en calificar lo que pasó el 2 de octubre como “una masacre” fueron los medios extranjeros, prosigue el investigador. “Las imágenes publicadas lo confirmaban. Tres de las fotos más difundidas en el extranjero muestran la muerte de dos hombres y una mujer en un balcón de Tlatelolco. Fueron tomadas por Jesús Díaz, fotógrafo de Associated Press, quien estaba en el balcón del edificio Chihuahua. Jesús contaría luego que ‘fue el único rollo que no fue encontrado y confiscado por la policía secreta. Los cuatro rollos que me quitaron muestran a policías y francotiradores disparando y cadáveres apilados’.
Y una vez más resalta la dignidad del Diario: “El Paris Match le dio su portada y en México solamente las difundió el Diario de Yucatán”, destaca.
“El Diario fue de los medios que ayudaron a difundir la verdad porque era independiente y porque tenía los servicios informativos de agencias noticiosas internacionales, que fueron las primeras en mostrar una visión diferente de los hechos. Además, contaba con los corresponsales de la Asociación de Editores de los Estados (AEE), que agrupaba a los principales diarios independientes de provincia”.
Medio siglo después, el Diario mira esos históricos acontecimientos pensando en el futuro, porque, como señaló ayer el ómbudsman nacional, Luis González Pérez, “no podemos transformar la realidad del país sobre el olvido”.— Mario S. Durán Yabur

