Los arquitectos Joaquín Álvarez Ordóñez y Enrique Duarte Aznar

“Sería benéfico un servicio público de arquitectura”

“Si los aparatos de justicia proveen defensores de oficio para quien no pueda pagar un abogado ante una cuestión legal; si el Estado provee servicios médicos asistenciales para las personas de escasos recursos, ¿por qué no proveer servicios de arquitectura pública en los municipios?”, se preguntó el reconocido arquitecto mexicano Joaquín Álvarez Ordóñez, invitado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab para participar en el ciclo de conferencias “4 Visiones, 1 profesión: Arquitectura”.

En el evento, ayer, participaron destacados exponentes de la arquitectura mexicana, así como jóvenes arquitectos locales, quienes durante todo un día comparten sus conocimientos y experiencias con unos 120 alumnos que cursan esa carrera en esa institución de educación superior.

Además del arquitecto Álvarez Ordóñez, también participaron Armando García Solórzano, quien dirige el despacho Apaloosa Estudio de Arquitectura, con sede en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y entre sus obras se encuentra el Pabellón del Agua en Ciudad de México, resultado de su triunfo en un concurso organizado en 2018, y Jorge Arditti Eglin, socio de Arditti Arquitectos de Ciudad de México, autores, entre otras muchas obras del Museo de la Memoria y Tolerancia. Arditti es también Embajador por México en la Fundación We are Water, cuyo objetivo es contribuir a la resolución de los problemas derivados de la falta de agua y saneamiento en el mundo.

Joaquín Álvarez es recipiendario del Premio Nacional de Arquitectura 2018, autor entre otras obras del Palacio de Gobierno de Campeche. Fue el encargado del rescate integral del Centro Médico Nacional La Raza del IMSS, del cual fue subdirector, además de que en su carrera ha tenido a su cargo 600 obras de infraestructura de agua potable en igual número de comunidades apartadas, en favor de 5 millones de personas.

Obras de progreso

De 88 años de edad y graduado de la Unam en 1968, el Arq. Álvarez Ordóñez explicó que los motivos que lo llevaron a escoger la carrera de arquitectura, estaba el poder hacer algo por la comunidad, obras que llevaran progreso, cambio y mejoras para la población más necesitada.

“Uno no se hace arquitecto para hacerse rico, uno abraza la arquitectura para forjar cambios; claro está que el arquitecto debe cobrar por sus servicios y también es entendible que se le confieran importantes proyectos particulares, pero la satisfacción de realizar una obra que cambia la vida de muchas personas para bien es una experiencia enriquecedora que da sentido al esfuerzo emprendido en tantos años de preparación”, dijo.

El veterano arquitecto destacó la importancia de que el arquitecto sea un profesional cercano a la población, consciente de las problemáticas y necesidades más apremiantes, especialmente en aquellos lugares más apartados, donde las oportunidades de crecer son muy pocas.

“El servicio de arquitectura pública podría ser una idea benéfica para todos, para las universidades, los estudiantes, las instancias oficiales encargadas del desarrollo y la infraestructura de las comunidades y para los propios habitantes de los municipios más necesitados”.

“Un servicio en manos de estudiantes de la carrera de Arquitectura que realicen sus servicios sociales, atendiendo necesidades verdaderas, urgentes como son el reordenamiento urbano, la creación de desarrollos habitacionales, escuelas, parques, unidades deportivas, calles, vialidades, puentes, clínicas” externó.— Emanuel Rincón Becerra

Expositor

El arquitecto mexicano Joaquín Álvarez Ordóñez fue uno de los invitados a las conferencias.

Mejores propuestas

“El desarrollo arquitectónico de una comunidad no se improvisa, hay que estudiar muchas cosas para llegar a las mejores propuestas, viables, reales, ahí es donde deben ir los estudiantes de la carrera, la gente que debe hacer su servicio social, donde poner a prueba los conocimientos adquiridos y la capacidad creativa de los jóvenes”, apuntó.

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