Como pasa en todo megaproyecto siempre hay modificaciones y el Tren Maya ha tenido varios cambios importantes, entre ellos la suspensión de la estación en La Plancha y su entrada a Mérida, recordó ayer Iván Rodríguez Gasque, presidente de la Cámara de Comercio, en su intervención en la mesa panel “La sociedad civil, empresarial y política y su vinculación e impulso para el desarrollo social y económico en el sureste” en la última jornada del Congreso Nacional del Tren Maya.

“También la falta de terrenos y la localización del derecho de vía genera inconformidad en las poblaciones por la forma como se compran las tierras. Y todo eso genera incertidumbre en las inversiones privadas”, apuntó el dirigente.

“Por ejemplo, un empresario ya tenía listo un proyecto para abrir un restaurante frente a La Plancha, pero cuando se enteró que ya no entraría el tren en ese lugar lo canceló”.

“Los cambios en el proyecto han detenido las inversiones porque no hay la seguridad por dónde pasará el tren. El desarrollo de la inversión será más lento, el empresario tiene inseguridad y hay quien cree que no se va a terminar en el tiempo que proyecta el gobierno federal. Creo que el presidente (López Obrador) hará todo lo posible para que se termine, ojalá así sea”, opinó.

Otro de los participantes, el senador Jorge Carlos Ramírez Marín, destacó que el primer riesgo que él ve es el económico porque de un proyecto original de 800 millones de dólares pasó a 6,000 millones de dólares.—Joaquín Chan Caamal

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De un vistazo

Cambios

“Cada cambio que se hace al proyecto incrementa más el monto de la inversión y eso significa el uso de dinero público y le cuesta al contribuyente. Por ejemplo, el proyecto prevé que un tramo del Tren Maya sea eléctrico y para ello se necesitará realizar varias adaptaciones”, señaló el senador Jorge Carlos Ramírez Marín.

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