Fotos: Valerio Caamal

Una historia de presunto maltrato y negligencia tuvo un triste desenlace ayer cuando una mujer se tiró de una altura de más de 40 metros en Ciudad Caucel.

Apenas habían dado las 10 de la mañana cuando una mujer decidió subir una torre de líneas de alta tensión de la CFE, ubicada en la avenida 59, cerca de la glorieta de Aurrera, dentro del desarrollo habitacional Ciudad Caucel. Su destreza para subir llamó la atención de vecinos del lugar.

De complexión gruesa y origen veracruzano, Yaritzbeth H.C. apenas rebasaba los 35 años y llegó a vivir a esta ciudad buscando una mejor calidad de vida, emparejándose con Francisco, un nombre que trascendió en las avenidas de este desarrollo ubicado en el poniente, donde los vecinos aseguraron que se trataba de un maltratador.

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Vecinos hablaron a las autoridades

Asombrados por el hecho, vecinos del sitio llamaron a las autoridades para que hicieran algo, pues temían por la integridad de la mujer. Varios elementos de la SSP que vigilaban la zona se apersonaron al lugar.

“Baje usted para que la ayudemos”, decían los elementos policiales, pero la respuesta siempre fue la misma “no”.

“¿Dónde estaban cuando les dije lo que pasaba?”, cuestionó la mujer, pero no hubo respuesta.

“Yari”, como le decían sus conocidos, presuntamente habría llamado a las autoridades en por lo menos dos ocasiones anteriores después de presuntamente ser golpeada por su pareja y acusó de no haber recibido respuesta. Lo que sí recibía era atención médica, pues sufría depresión.

Primero pidió que llamaran a Francisco, su pareja, a quien recriminó lo que había hecho. “¿No dijiste que estaríamos juntos en las buenas y en las malas?, ¿Se te olvidó con lo que hiciste? Porque tuviste que hacerlo en nuestra casa, ahí pasó no….” Gritaba desde las alturas.

Luego pidió que llamaran a su hermano, quien vivía en Kanasín, aseguraba que solo bajaría si él llegaba, pues quería hablarle de las “cosas” que hicieron en su casa y del ritual que realizaron en su contra. Al cabo de una hora el hombre llegó al lugar y los aplausos se hicieron escuchar.

El hombre comenzó a hablar con ella y la convenció de bajar a tomar agua. Ella descendió lo suficiente para beberla, pero no quiso bajar de la antena y, por el contrario, volvió a subir algunos metros.

En la calle, más y más vecinos se dieron cita en el lugar, algunos gritando frases para hacerla descender, otros criticando las acciones de la policía.

“La hubieran jalado cuando bajó a tomar agua”, se escuchaba decir.

Familias enteras, vendedores de frituras y otros curiosos comenzaron a abarrotar el espacio, por lo cual los elementos policíacos debieron mover en tres ocasiones la barrera para que no la traspasaran.

Y el reloj no detenía su marcha.

Con megáfono en mano, su pareja intentó hacerla descender, luego el hermano, la hermana, elementos de la policía, monjas que se dieron cita en el lugar con la esperanza de ayudarla… nada funcionó. Entonces entraron en acción los especialistas en mediación y psicólogos de la corporación policíaca, pero tampoco pudieron convencerla.

Conforme pasaron las horas se trazó un plan. La bajarían con el apoyo de los especialistas en rescate del cuerpo de bomberos.

Los bomberos subieron

Pocos minutos antes de las 4, tres elementos del cuerpo de bomberos, acompañados de un civil, presuntamente su pareja, comenzaron el ascenso. Yari ya estaba en la cima de la torre y gritaba.

El primer bombero en llegar a la altura donde se encontraba dialogó con ella, Yari ya estaba en una de las orillas del último alerón de la torre. Sin embargo, permitió que el hombre se acercara.

La acción hizo que otro bombero pudiera llegar y entre ambos la sujetaron para amarrarle el arnés. Yari forcejeó y luego otro se les unió, pero ella no dejaba de patalear e incluso logró quitar uno de los cinturones de protección.

En lo que pareció ser una eternidad y que apenas duro unos minutos, Yarizbeth gritaba, pataleaba y se resistía a ser ayudada, mientras abajo los curiosos lanzaban consignas de apoyo.

Entonces la tragedia llegó…

Yarizbeth se soltó y su cuerpo se precipitó al vacío, impactando contra la estructura, ante las miradas atónitas de sus hermanos y vecinos.

Al caer el silencio reinó en el lugar. Mientras en las alturas uno de los bomberos se tapaba la cara, ante la frustración de no haber podido ayudar, en el suelo Santiago Masa Ramos, elemento de la SSP, corría a verificar si estaba viva. Detrás de él, un ejército de elementos se acercaban  y con una manta intentaban bloquear la visibilidad de sus acciones para revisarla.

Una ambulancia se abrió paso mientras los camilleros la subían al camastro y la metían. Cuando las puertas se cerraron y comenzó su loca carrera al hospital O´horán, en un intento de salvarla, los policías comenzaron a dispersar a la gente y atender a quienes sufrieron crisis nerviosas.

A las 11:48 del domingo se confirmó oficialmente el fallecimiento.

Depresión en Yucatán

En 2020 se registraron en Yucatán 970 casos de depresión, según datos del Boletín Epidemiológico; 230 en hombres y 740 mujeres, cifra relativamente menor a lo que se presentó el 2019, con un total de mil 743 casos

Hasta la semana 38, 15 de septiembre del presente año, el número de casos diagnosticados era de 1,085, de los cuales 283 eran hombres y 802 mujeres.

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